ABRIL, 2026 (142-162)Número 28
COMPETENCIAS PARENTALES Y ESTRÉS
PERCIBIDO EN PADRES DE NIÑOS DE 3 A
5 AÑOS
PARENTING SKILLS AND PERCEIVED
STRESS IN PARENTS OF CHILDREN AGED 3
TO 5 YEARS
DOI: https://doi.org/10.37135/chk.002.28.07
Artículo de Investigación
Recibido: (13/10/2025)
Aceptado: (23/02/2026)
1Ponticia Universidad Católica del Ecuador, Facultad de Psicología, Centro de
Posgrados, Ambato, Ecuador, micaela.s.rodriguez.v@pucesa.edu.ec
2Ponticia Universidad Católica del Ecuador, Facultad de Psicología, Centro de
Posgrados, Ambato, Ecuador, lalmeida@pucesa.edu.ec
Micaela Sarahí Rodríguez Vásquez1,
Lucía Almeida Márquez2
Micaela Sarahí Rodríguez Vásquez, Lucía Almeida Márquez
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El estrés percibido es descrito como un factor de riesgo en el desempeño de las prácticas
de crianza y en consecuencia en las trayectorias del desarrollo infantil. En este contexto, el
presente estudio analiza la relación entre las competencias parentales y el estrés percibido
en padres de niños de tres a cinco años. Se empleó un diseño cuantitativo, de tipo no
experimental y corte transversal, con alcance descriptivo y correlacional. Se aplicaron la
Escala de Parentalidad Positiva (E2P) y el Parenting Stress Index/Short Form (PSI-SF) a una
muestra de 100 padres/madres de niños en etapa preescolar. Los resultados reportaron bajas
frecuencias en prácticas de crianza vinculares, formativas, protectoras y reexivas, con un
49 % de los participantes ubicados en zona de riesgo. Además, se determinaron niveles altos
y bajos de estrés, considerados como factores de riesgo en el cuidado infantil. Se identicó
una relación signicativa, negativa y moderada entre las competencias parentales y el estrés
percibido, con una explicación de la varianza de 22 %. Por lo tanto, se concluye que, a
mayores competencias parentales, menores niveles de malestar parental, dicultades en la
interacción y regulación de la conducta infantil.
PALABRAS CLAVE: Competencia parental, estrés, padres, crianza del niño, psicología del
niño
Perceived stress is described as a risk factor in the performance of parenting practices and,
consequently, in children’s developmental trajectories. In this context, the present study
analyzes the relationship between parental competencies and perceived stress in parents of
children aged three to ve years. A quantitative, non-experimental, cross-sectional design
with descriptive and correlational scope was employed. The Positive Parenting Scale (E2P)
and the Parenting Stress Index/Short Form (PSI-SF) were administered to a sample of
100 parents of preschool-aged children. The results reported low frequencies in bonding,
formative, protective, and reective parenting practices, with 49% of participants falling
within the risk zone. In addition, high and low levels of stress were identied, considered risk
factors in child care. A signicant, negative, and moderate relationship was found between
parental competencies and perceived stress, accounting for 22% of the variance. Therefore,
it is concluded that higher parental competencies are associated with lower levels of parental
distress, diculties in child interaction, and behavioral regulation.
KEYWORDS: Parental competence, stress, parents, child rearing, child psychology
RESUMEN
ABSTRACT
COMPETENCIAS PARENTALES Y ESTRÉS
PERCIBIDO EN PADRES DE NIÑOS DE 3 A 5
AÑOS
PARENTING SKILLS AND PERCEIVED STRESS
IN PARENTS OF CHILDREN AGED 3 TO 5
YEARS
COMPETENCIAS PARENTALES Y ESTRÉS PERCIBIDO EN PADRES DE NIÑOS DE 3 A 5 AÑOS
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INTRODUCCIÓN
En los últimos años, se ha evidenciado un incremento en las dicultades
asociadas al ejercicio de la parentalidad durante la primera y segunda
infancia, particularmente en contextos donde las demandas del cuidado
infantil superan los recursos emocionales, personales y contextuales de
los padres. Estas dicultades se maniestan en prácticas de crianza poco
consistentes con altos niveles de estrés parental y un mayor riesgo en las
trayectorias del desarrollo infantil, lo que constituye una problemática
relevante para la psicología del desarrollo.
En este marco, el presente estudio se fundamenta en el enfoque de la
Parentalidad Positiva, que concibe las competencias parentales como un
conjunto dinámico de habilidades vinculares, formativas, protectoras y
reexivas ligadas con el bienestar parental y el desarrollo integral de los
niños (Gómez & Contreras, 2019; Flujas-Contreras et al., 2023).
La segunda infancia, también conocida como etapa preescolar,
representa un periodo crítico del desarrollo integral infantil y comprende
a niños entre tres y seis años (Papalia & Martorell, 2017). Durante
este periodo, se consolidan habilidades básicas como el lenguaje, la
regulación emocional, la autonomía progresiva, el vínculo afectivo con
los cuidadores primarios, la comprensión de las normas sociales, la
construcción de relaciones interpersonales y las formas de resolución de
conictos (Chávez-Juma et al., 2025). Esta etapa crucial del desarrollo
requiere de compromiso y un desempeño adecuado de las competencias
parentales que disponen los padres (Azar et al., 2018; Lazo et al., 2022).
En el desarrollo humano, la cultura tiene una gran inuencia en la
regulación emocional de los niños, por ello, la calidad de las interacciones
entre padres e hijos es fundamental para sentar las bases del desarrollo
cognitivo y socioemocional (Pacheco & Osorno, 2021). A medida que
los niños se desarrollan y adquieren autonomía e independencia en sus
actividades, la crianza se convierte en un reto complejo, puesto que los
padres se enfrentan a hijos que tienen ideas propias y voluntades, que
se reejan en su comportamiento y capacidad de interacción con su
entorno próximo (Lanjekar et al., 2022).
En consecuencia, las competencias parentales conforman un elemento
clave en el desarrollo cognitivo, emocional y social, pues se presentan
como el “conjunto de conocimientos, actitudes y prácticas de crianza
vinculares, formativas, protectoras y reexivas; aprendidas y actualizadas
a partir de una historia y las oportunidades que ofrece la ecología de
la parentalidad” (Gómez & Contreras, 2019, p. 23). Estas permiten a
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los padres promover el bienestar de sus hijos mediante la organización
de la propia experiencia y la conducción del comportamiento parental.
Este concepto central y multidimensional promueve trayectorias de
desarrollo positivas en los niños (Flujas-Contreras et al., 2023; Pacheco
& Osorno, 2021).
Dentro del conjunto de competencias parentales, Gómez y Contreras
(2019) denen a las competencias vinculares como las prácticas
de crianza que benecian a la conexión emocional y psicológica de
los padres con sus hijos, pues promueven un apego seguro mediante
la sensibilidad parental y presencia cotidiana. Por otro lado, las
competencias formativas favorecen a la organización del entorno
de aprendizaje, tanto físico como psíquico. Además, benecia a la
exploración del entorno, autonomía progresiva, regulación y conducción
del comportamiento, así como a la socialización de normas aceptadas
(Pacheco & Osorno, 2021).
Por último, las competencias protectoras se denen como las prácticas
de crianza relacionadas con la disminución de fuentes de estrés o
factores de riesgo que pudieran incidir de manera negativa en el
desarrollo integral infantil, es decir, se priorizan garantías de seguridad
y contextos bien tratantes (Bernal-Ruiz et., 2018). Finalmente, las
competencias reexivas se conciben como aquellas que organizan
la propia experiencia de los padres en función a su rol parental,
inuenciado por las trayectorias de desarrollo propias de los padres
como: la historización de la parentalidad y la construcción de un proceso
de autocuidado (Márquez et al., 2021; Gómez & Contreras, 2019).
La parentalidad ecaz implica la presencia activa de habilidades como
comunicación asertiva, empatía, establecimiento de normas consistentes
y la capacidad de ofrecer contención emocional frente a situaciones
complejas (Lanjekar et al., 2022). Es decir, involucra un estilo de
crianza autoritativo, en el cual los padres respetan la individualidad
de niños con un esfuerzo especial para introducir valores sociales
con el establecimiento de límites claros y rmes, sin dejar de lado la
afectividad (Papalia & Martorell, 2017). Sin embargo, la crianza de
niños pequeños representa un gran desafío, especialmente cuando los
padres experimentan elevados niveles de estrés (Larkin & Otis, 2019).
Así, el estrés parental es el conjunto de reacciones emocionales y
cognitivas que generan malestar en padres y madres, cuando perciben
que las demandas de la crianza exceden sus recursos personales,
económicos o sociales para afrontarlas (Betancourt-Ocampo et al.,
2021; Flujas-Contreras et al., 2023). En este sentido, el estrés parental
percibido implica la autoevaluación de la concordancia entre el
desempeño real e ideal que tienen los padres de su rol y la competencia
parental en función de la crianza (Sindeaux et al., 2021). Esta percepción
disminuye la sensibilidad parental, deteriora la calidad del vínculo y
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afecta negativamente el estilo de crianza.
El estrés percibido en los padres no solo está asociado con la sobrecarga
de tareas o a la falta de apoyo social, sino con variables propias del niño,
como dicultades en la conducta, temperamento desaante, necesidades
especícas del desarrollo, comportamiento prosocial (Flujas-Contreras
et al., 2023; Ward & Lee, 2020) y trastornos del neurodesarrollo (Zeng
et., 2020). Estas características incrementan las demandas del cuidado
cotidiano e intensican la percepción de dicultad en el ejercicio del
rol parental.
Asimismo, el estrés parental está inuido por factores contextuales
y personales de los cuidadores. Entre ellos, la edad de los padres
constituye una variable relevante, puesto que, aunque no siempre se
evidencian diferencias estadísticamente signicativas, se ha observado
que los padres de mayor edad tienden a ubicarse con mayor frecuencia
en zonas óptimas de competencia parental, lo que se asocia a mayor
madurez emocional, menor impulsividad y mayor estabilidad económica
(Pacheco & Osorno, 2021; Chávez-Juma et al., 2025). A estos factores se
suman la situación socioeconómica (Ward & Lee, 2020), la modalidad
de trabajo, el tiempo compartido con los hijos (Bradley et al., 2024; Ren
et al., 2024) y el tipo de familia (Ward & Lee, 2020).
Generalmente, los padres de niños en edad preescolar alcanzan mayores
niveles de estrés. En esta etapa, los niños demandan mayor supervisión,
presentan explosiones emocionales frecuentes y están en pleno proceso
de exploración y establecimiento de límites (Avila & Giannotti, 2021;
Betancourt-Ocampo et al., 2021). Cuando este estrés no se regula de
manera adecuada es posible que se desencadenen prácticas parentales
coercitivas, inconsistentes o negligentes, lo que debilita el desarrollo de
competencias parentales funcionales y aumenta el riesgo de conictos
familiares.
METODOLOGÍA
La investigación previa al presente artículo se fundamentó en
el paradigma pos-positivista que implica “conocer el fenómeno
investigado de forma imperfecta, ya que el objeto y el investigador son
inuenciables entre sí” (Ramos, 2017, p. 11). Se empleó un enfoque
cuantitativo, con diseño no experimental, de corte transversal y alcance
descriptivo correlacional, en donde las variables se observaron en un
momento determinado (Ato et al., 2013).
Para la selección de los participantes, se empleó un muestreo de tipo no
probabilístico por conveniencia con criterios de inclusión. La muestra
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estuvo conformada por 100 participantes, madres (81 %) y padres (19
%) de niños (46 %) y niñas (54 %) de tres a cinco años (M= 4.03; DE=
0.81), provenientes de unidades educativas particulares de la ciudad
de Ambato. Las edades de los progenitores oscilaron entre los 22 y 48
años, con una media de 34.15 años (DE= 5.82).
Los criterios de inclusión establecidos fueron: a) contar con el
consentimiento de participación voluntaria en el estudio; b) padres y
madres de niños entre tres y cinco años; y c) progenitores con hijos
escolarizados en preescolar. Por otro lado, el criterio de exclusión
fue: a) progenitores de niños con dicultades neurodivergentes o con
diagnósticos de algún tipo de discapacidad.
Para la recolección de datos se utilizó la cha sociodemográca y se
aplicaron instrumentos estandarizados. Las prácticas de crianza fueron
evaluadas mediante la Escala de Parentalidad Positiva (E2P v2.0;
Gómez & Contreras, 2019), mediante el cuestionario dirigido a padres
de niños de 3 a 5 años. El instrumento constó de 60 ítems sobre prácticas
cotidianas de crianza, con formato respuesta tipo Likert que va de 0
(nunca) a 4 (siempre), y se organiza en cuatro áreas: vinculares (ítems 1
al 15; α= 0.87), formativas (ítems 16 al 30; α= 0.88), protectoras (ítems
31 al 45; α= 0.77) y reexivas (ítems 46 al 60; α= 0.87).
En la presente investigación, la consistencia interna de cada área
fue excelente, al presentar coecientes Alfa de Cronbach iguales o
superiores a 0.90: competencias vinculares (α= 0.93), formativas (α=
0.95), protectoras (α= 0.90) y reexivas (α= 0.95), lo que evidencia una
alta abilidad en la medición de las prácticas parentales evaluadas.
Para la calicación, se obtuvo las puntuaciones totales de cada área,
se ubicó el percentil correspondiente y se agrupó en categorías: baja,
intermedia y alta frecuencia. Esta categorización se realizó para cada
dimensión y para el puntaje total de la escala. La descripción de las
frecuencias permitió ubicar a las competencias en zonas de desarrollo
de parentalidad: zona óptima, zona de monitoreo y zona de riesgo.
Asimismo, se utilizó el Parenting Stress Index/Short Form (PSI-
SF; Abidin, 1995) en la versión española validada por Rivas et al.
(2021). El PSI-SF es un instrumento de autoinforme con 36 ítems que
evalúan el estrés parental. Incluye tres subescalas: Malestar Parental
(MP), Interacción Disfuncional Padre-Hijo (IDPH) y Niño Difícil
(ND). Cada dimensión se evalúa mediante una escala Likert que va
desde 1 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo) y las
puntuaciones varían entre 12 y 60, con un puntaje total de la escala que
va de 36 a 180. Aquellas puntuaciones de 90 o superiores señalan un
nivel clínico de estrés parental.
El análisis de conabilidad del estudio de Rivas et al. (2021) reportó
coecientes Alfa de Cronbach de 0.85, 0.86 y 0.79 en las subescalas
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MP (ítems 1 al 12), IDPH (ítems 13 al 24) y ND (ítems 25 al 36),
respectivamente. En este estudio se halló el coeciente de consistencia
interna de 0.92, 0.95 y 0.90 para las subescalas MP, IDPH y ND,
respectivamente. De tal forma que, este instrumento presentó altos
niveles de abilidad para cumplir con el objetivo de la investigación.
Respecto al punto ético, la investigación aplicó la declaración de Helsinki
(Manzini, 2000), en el cual se consideraron los principios de privacidad,
condencialidad y anonimato de los participantes, asimismo, se empleó
el consentimiento informado con criterios provenientes de los principios
éticos declarados para las investigaciones en seres humanos.
El desarrollo del estudio inició con el acercamiento y la socialización
de la investigación a diferentes instituciones educativas privadas de la
ciudad de Ambato. Luego de la autorización respectiva, se presentó el
consentimiento informado para asegurar la participación voluntaria de
padres y madres de niños en etapa preescolar. Los datos se recolectaron
de manera virtual, mediante un formulario en Google Forms https://
bit.ly/3TjxP09, conformado por el consentimiento informado, la
cha sociodemográca y los reactivos aplicados en la evaluación. La
ejecución de los cuestionarios tuvo una duración aproximada de 25
minutos.
Posterior a la recolección de datos, estos fueron sistematizados en
Excel y analizados mediante el software SPSS versión 25 para la
comprobación de la hipótesis del estudio (IBM Corp, 2020), tras lo cual
se elaboró el reporte de investigación cientíca.
Respecto al análisis de datos, el estudio se organizó en tres momentos.
En primer lugar, se calcularon estadísticos descriptivos como la media
(M) y la desviación estándar (DE), así como la asimetría (As) y la
curtosis (Cu), y se vericó el cumplimiento del supuesto de normalidad
mediante de la prueba Kolmogórov-Smirnov (K-S; p>0.05).
En un segundo momento, se analizaron las diferencias según el sexo
de los progenitores (hombres versus mujeres) mediante la prueba t
de Student para muestras independientes. Debido a la desigualdad
en el tamaño muestral entre ambos grupos, se aplicó un submuestreo
aleatorio simple, seleccionando participantes del grupo mayoritario
hasta aproximar el tamaño del grupo minoritario, con el n de reducir
el sesgo asociado a la desproporción muestral. Previamente, se vericó
el supuesto de homocedasticidad mediante la prueba de Levene,
asumiéndose varianzas iguales o no en función de la signicancia
estadística.
Finalmente, se estudió la relación entre E2P y PSI-SF mediante el
coeciente de correlación de Spearman (Rho), y se estimó la variabilidad
de los datos, explicada a través del coeciente de determinación de R2
para la prueba Rho Spearman.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El análisis del perl sociodemográco se presenta en la tabla 1, donde
se identicó que el 81 % de los participantes correspondió a madres
de familia y el 19 % a padres, con hijos (46 %) e hijas (54 %) de tres a
cinco años (M= 4.03; DE= 0.81), provenientes de unidades educativas
particulares de la ciudad de Ambato. Las edades de los progenitores
oscilaron entre los 22 y 48 años, con una media de 34.15 años (DE=
5.82).
En cuanto al estado civil, el 51 % reportó estar casado(a), y la mayoría
de las familias señalaron residir en el sector urbano (80 %). Respecto
al nivel de formación académica, el 50 % indicó contar con estudios
de tercer nivel, mientras el 18% reportó haber cursado únicamente
estudios secundarios, y el 32 % mencionó tener estudios de cuarto nivel
y superior (doctorado).
Respecto a las características de las familias, la mayoría de los
participantes reportó conformar una familia nuclear (67 %), integrada
por padre, madre e hijo(s). En relación con el número de hijos, el 41 %
tenía un solo hijo, el 39 % dos hijos y el 20 % tres o cuatro. Asimismo,
el 57 % de los padres y madres indicó cumplir jornadas laborales
completas de ocho horas diarias, y solo el 41 % manifestó satisfacción
con su salario, puesto que el 23 % recibía ingresos inferiores a 470
dólares mensuales, mientras que el 35 % reportó ingresos superiores
a 801 dólares. En relación con el tiempo de calidad, los cuidadores
primarios señalaron compartir con sus hijos un promedio de cuatro
horas diarias.
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Tabla 1: Análisis sociodemográco
Nota. M= Media Aritmética; DE= Desviación Estándar; f=
Frecuencia; %= Porcentaje
Los estadísticos descriptivos de la E2P y PSI-SF se presentaron en la
Tabla 2. En primer lugar, según las normas de interpretación de la E2P,
los participantes reportaron baja frecuencia de prácticas de crianza
vinculares, formativas, protectoras y reexivas, así como en la escala
total. Además, el perl de competencias parentales indicó que el 49 %
de los participantes se encuentran en la zona de riesgo (dos o más áreas
en baja frecuencia y/o competencias vinculares en baja frecuencia),
mientras que el 20 % se encuentra en zona de monitoreo y el 31 % en
zona óptima.
En segundo lugar, con base en la puntuación directa, la población
presentó una media de 80.69 (DE=28.58) en la puntuación total del
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PSI-SF, lo cual representa un nivel adecuado de estrés percibido. En
este sentido, la dimensión de malestar paterno fue la que obtuvo una
media más alta (M=29.69; DE=11.07).
De acuerdo con el análisis categorial, el 41 % de los participantes
percibieron un alto estrés en relación con las prácticas de cuidado e
interacción con sus hijos. Asimismo, el 25 % de la muestra presentó
un nivel bajo de estrés percibido, lo cual implica la posibilidad de
conductas de descuido o negligencia en el cuidado de los niños.
Finalmente, la valoración del cumplimiento del supuesto de normalidad,
mediante la prueba Kolmogórov-Smirnov, reportó que no existe una
distribución normal en los datos (p>0.05) con la excepción del factor
malestar paterno de PSI-SF, por lo que se decidió emplear pruebas no
paramétricas para el análisis inferencial.
Tabla 2: Análisis descriptivo de las variables E2P y PSI-SF
Nota: +p>0,05; M= Media Aritmética; DE= Desviación Estándar; As=
Asimetría; Cu= Curtosis; K-S= Kolmogorov-Smirnov.
Los resultados del análisis categorial indicaron que el 49 % de los
participantes de este estudio se ubicaron en zona de riesgo, respecto al
desarrollo de prácticas de crianza vinculares, formativas, protectoras y
reexivas. En otros estudios se hallaron porcentajes igualmente elevados
de cuidadores en esta zona, tal es el caso de Sánchez-Parrales y Mestre-
Gómez (2022), donde el 47 % de las madres evaluadas se ubicaron
en zona de riesgo, en una primera medición realizada en un contexto
de pandemia, un periodo caracterizado por altos niveles de estrés y
malestar emocional que incrementaron la vulnerabilidad parental.
Es decir que, en situaciones de alta demanda psicosocial, un porcentaje
signicativo de padres o madres pueden presentar dicultades en el
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desarrollo de sus competencias parentales. Asimismo, las exigencias
propias de la crianza durante la segunda infancia constituyen un reto
signicativo para los padres (Pinta et al., 2019; Márquez et al., 2021;
Betancourt-Ocampo et al., 2021). Estas demandas, se intensican cuando
las familias se enfrentan a contextos socioeconómicos con recursos
limitados o situaciones de estrés contextual (Arce & Rodríguez, 2020).
En esta muestra el factor que obtuvo mayor puntuación en el E2P fue el de
competencias vinculares, seguido de las competencias formativas. Este
patrón parental indicó que las prácticas que se basan en la sensibilidad,
la responsividad y la disponibilidad emocional constituyen el eje
central del funcionamiento parental (Zimmer-Gembeck et al., 2022).
Así, la calidad del vínculo entre padres e hijos asegura una adaptación
emocional infantil positiva, que incluso supera el efecto de las prácticas
formativas o protectoras (Neppl et al., 2020).
Las exigencias propias de la crianza evidencian que el desarrollo de
competencias parentales no sucede de manera aislada o individual, sino
que representa una corresponsabilidad entre los padres. En este sentido,
la interacción materna y paterna son esenciales en la conguración de
las competencias vinculares y reexivas. El estudio realizado por Neppl
et al. (2020) conrma que ambos padres inuyen de manera similar en
la autorregulación infantil, aunque sus enfoques pueden variar. Por un
lado, las madres brindan mayor contención emocional, mientras que,
los padres promueven la exploración y el afrontamiento de problemas.
En lo que concierne al estrés percibido, se identicaron niveles altos
como bajos de estrés, los cuales representan un riesgo potencial en las
experiencias parentales, debido a que pueden asociarse con prácticas
de crianza negligentes o permisivas y autoritarias. Estas inciden en la
calidad del vínculo afectivo, en las trayectorias de aprendizaje y en la
regulación emocional importante para el desarrollo socioafectivo de los
niños (Larkin & Otis, 2019; Pacheco & Osorno, 2021).
En esta investigación, la subescala de malestar paterno obtuvo el
puntaje más elevado en la contribución al estrés total. Esto es coherente
con estudios como el de Rivas et al. (2021), que reportaron puntajes
más elevados en esta subescala, especialmente en poblaciones con
recursos económicos limitados y dicultades conductuales infantiles.
Lo contrario se mencionó en el estudio de González-López et al. (2024)
quienes reportaron que la subescala de interacción disfuncional padre-
hijo explicó en mayor medida el estrés percibido total. De tal forma que,
el estrés percibido parental varía según las características contextuales
de las muestras.
Asimismo, en el análisis categorial se observó que el 41 % de la
muestra percibió un alto estrés, esta proporción resulta elevada para
una muestra comunitaria y constituye un factor de riesgo para las
trayectorias positivas de la crianza. Sin embargo, este porcentaje es
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considerablemente inferior al documentado en el estudio de Periche
y Pantoja (2024), realizado en padres de niños con trastornos del
neurodesarrollo, en donde el 75.95 % presentó niveles altos de estrés.
Estos niveles de estrés reportados en esta investigación pueden afectar
la calidad vincular y, en consecuencia, el desarrollo infantil. Lanjekar
et al. (2022) señalaron que los niños expuestos a una crianza hostil
o negligente maniestan síntomas internalizantes y externalizantes
asociados a la agresividad, estrés infantil, ansiedad, conductas
impulsivas y problemas de socialización. En consecuencia, estas
dicultades emocionales y conductuales de los niños aumentan la
percepción de estrés percibido en los padres.
Esta información es relevante para futuras intervenciones, puesto que las
competencias parentales en zonas de riesgo implican que las demandas
del cuidado superan los recursos emocionales y contextuales con los
que disponen los padres (Arce & Rodríguez, 2020). Mientras que los
niveles de estrés parental excesivos o insucientes son una respuesta
a estas demandas de la crianza y pueden considerarse como factores
de riesgo para las adecuadas trayectorias en el desarrollo infantil
(Betancourt-Ocampo et al., 2021).
En la tabla 3 se presentaron las diferencias entre los grupos clasicados
según el sexo de los progenitores. Los resultados no mostraron
diferencias estadísticamente signicativas entre hombres y mujeres
en ninguna de las dimensiones de las competencias parentales ni en la
puntuación total de la E2P, así como tampoco en las dimensiones del
estrés percibido (p > 0.05).
Aunque en la dimensión de interacción disfuncional padre-hijo se
evidenció heterogeneidad de varianzas, la comparación realizada
mediante la corrección para varianzas no iguales tampoco reveló
diferencias signicativas entre los grupos.
Tabla 3: Análisis comparativo de las variables según el sexo de los
progenitores
Nota. +p>0,05 (se asume varianzas iguales), M= Media Aritmética;
DE= Desviación Estándar
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En este sentido, la ausencia de diferencias por sexo es consistente
con lo reportado por Ward & Lee (2020), quienes señalaron que, en
contextos familiares contemporáneos caracterizados por una mayor
corresponsabilidad en las tareas de cuidado, madres y padres tienden
a presentar niveles similares de estrés y responsividad parental, lo que
atenúa las diferencias tradicionalmente atribuidas al sexo del cuidador.
Sin embargo, estos hallazgos contrastan con lo reportado por Oyarzún-
Farías et al. (2021), quienes identicaron mayores niveles de estrés
parental en madres en comparación con los padres. Desde esta
perspectiva, las discrepancias entre los resultados podrían explicarse
por variaciones en la distribución de las responsabilidades de cuidado,
las demandas contextuales y los roles parentales asumidos en cada
muestra, factores que inuyen de manera diferencial en la experiencia
del estrés percibido parental (Zimmer-Gembeck et al. 2022).
Por otro lado, el análisis de correlación entre los factores de E2P y
PSI-SF presentado en la Tabla 4, reportó correlaciones negativas con
signicancia y moderadas entre las competencias vinculares (rango
rho= -0.404 a -0.444), formativas (rango rho= -0.354 a -0.425) y
reexivas (rango rho= -0.381 a -0.402) de la E2P con los tres factores
de la escala PSI-SF: malestar parental, interacción difícil padre-hijo y
niño difícil. Mientras que las competencias protectoras mantienen una
relación negativa signicativa y débil (rango rho= -0.295 a -0.321)
con las dimensiones del estrés percibido. Al presentar correlaciones
negativas entre las dos variables se determina que, a mayor nivel en las
competencias, menor malestar parental, interacción difícil padre-hijo y
características complejas en el comportamiento del niño.
Asimismo, el análisis de la correlación entre las puntuaciones totales
de E2P y PSI-SF mostró una signicativa relación negativa y moderada
(rho= -0.472; p<0.01). Finalmente, se observó la variabilidad de los
datos en función del coeciente de determinación R2 en donde, las
competencias parentales explican en un 22 % los cambios en la varianza
del estrés percibido parental.
Tabla 4: Análisis correlacional de las variables E2P y PSI-SF
Nota. E2P= Escala de Parentalidad Positiva; PSI-SF= Parenting Stress
Index/Short Form; *p<0.05; **p<0.01
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En función del estudio correlacional, se identicó que todas las
dimensiones E2P se relacionaron de manera signicativa negativa y
moderada con las dimensiones del PSI-SF. El reporte de las competencias
vinculares es fundamental en este análisis, observándose correlaciones
más altas y sólidas con las dimensiones del estrés percibido.
Estos hallazgos se respaldan con lo propuesto por Gómez y Contreras
(2019) y Flujas-Contreras et al. (2023) quienes mencionan que los
padres con un desarrollo de vínculos afectivos seguros, relaciones
responsivas y prácticas de crianza sensibles tienden a experimentar en
menor medida malestar emocional, percepciones de interacción difícil
padre-hijo y dicultades en la regulación del comportamiento infantil.
Asimismo, en el estudio reportado por Neppl et al. (2020) se corrobora
que la parentalidad positiva, caracterizada por la sensibilidad parental,
comunicación y afecto, favorece a la capacidad de los niños para
autorregular emociones e inhibir respuestas impulsivas. Esto se
relaciona con la disminución de conductas desadaptativas y niveles
de estrés tanto en los niños como en los padres, lo que benecia a las
relaciones en el sistema familiar.
Las prácticas de crianza sensibles favorecen no solo a la autorregulación
emocional, sino que también brindan seguridad y conanza en los niños.
De acuerdo con el estudio de Lanjekar et al. (2022) la sensibilidad
parental característica de los vínculos positivos estimula la maduración
cognitiva y las funciones ejecutivas tempranas en los niños, lo cual
disminuye los niveles de estrés parental y las conductas problemáticas
infantiles. Por lo tanto, se enfatiza en el establecimiento de contextos
bien tratantes y desarrollo de vínculos seguros como factores protectores
frente a las demandas diarias de la crianza.
Además, el análisis de las competencias formativas y reexivas indica
que también existen correlaciones negativas moderadas con el estrés
percibido. Estos resultados son consistentes con estudios previos de
Sindeaux et al. (2021) y Rochabrun et al. (2021) que resaltan la capacidad
de los padres para organizar los ambientes de aprendizaje, establecer
límites claros para la regulación y conducción del comportamiento, así
como reexionar sobre su propia experiencia parental como mecanismo
regulador en la crianza.
El desarrollo de estas capacidades en los padres favorece al incremento
del sentido de autoecacia y la reducción de la sobrecarga en el
cumplimiento del rol parental (Longobardi et al., 2025). Es decir,
los padres con mayor capacidad reexiva retroalimentan las demás
competencias e incrementan las prácticas responsivas de crianza
evitando que los niveles de estrés desorganicen su conducta parental.
De esta manera, se enfatiza en que la sensibilidad parental, el afecto y
la estructura constituyen factores protectores ante el estrés percibido en
los padres.
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Número 28 / ABRIL, 2026 (142-162)
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En cambio, las competencias protectoras presentaron correlaciones
negativas débiles pero signicativas con el estrés parental, esto se
explica debido a que estas competencias se enfocan en la reducción
de riesgos externos como fuentes de estrés para garantizar y favorecer
la integridad física, emocional y sexual de los niños (Dinçer & Tunç,
2023). Mientras que las anteriores competencias se enfocan de
manera especial en la generación de vínculos afectivos saludables y la
percepción de competencia en el manejo conductual en la crianza, que
son factores evaluados por la escala de estrés percibido (Abidin, 1995;
Gómez & Contreras, 2019).
A pesar de la función amortiguadora de la competencia protectora, puesto
que reduce los factores de estrés debido a la capacidad de respuesta
frente a las necesidades de seguridad tanto física como psicológica de
los niños, las que ejercen una mayor relación con la percepción del
estrés parental son las competencias vinculares, formativas y reexivas.
Finalmente, la correlación negativa moderada y signicativa reportada
entre las competencias parentales y estrés percibido, así como el
hallazgo de que las competencias expliquen un 22 % de la varianza en
los niveles de estrés parental, se fundamentó en los estudios previos
que explican cómo el desarrollo óptimo de las competencias parentales
favorece al bienestar emocional de los padres, lo cual reduce los niveles
de estrés percibido (Oyarzún-Farías et al., 2021; Pacheco & Osorno,
2021; Rochabrun et al., 2021).
El ejercicio de una parentalidad positiva y sensible representa un
factor protector frente al estrés, pues promueve contextos de seguridad
emocional y estimulación cognitiva durante la infancia temprana
(Lanjekar et al., 2022). Es decir que, el desarrollo de competencias
parentales sólidas contribuye a la reducción del estrés parental puesto
que facilita interacciones más adaptativas con los hijos, especialmente
en la segunda infancia (Neppl et al., 2020).
Es así que, la regulación emocional parental constituye un componente
central en el desarrollo de las competencias parentales, puesto que
permite que los cuidadores primarios modulen las respuestas afectivas
frente a las conductas infantiles y les permite sostener interacciones
sensibles y ajustadas a las necesidades de sus hijos (Zimmer-Gembeck et
al., 2022). Por lo tanto, la regulación emociona actúa como mecanismo
mediador entre el estrés parental y la calidad de los vínculos entre
padres e hijos.
Sin embargo, el porcentaje de la varianza también sugiere la incidencia
de otras variables, contextuales y personales, que tienen un rol
fundamental en esta relación por lo que se sugiere su exploración en
investigaciones posteriores (Ward & Lee, 2020; Oyarzún-Farías et al.,
2021).
Micaela Sarahí Rodríguez Vásquez, Lucía Almeida Márquez
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Los resultados que se obtuvieron en la investigación permitieron la
identicación del diseño de intervenciones enfocadas en la disminución
del estrés percibido y mejoramiento de las prácticas de crianza. En donde
se resaltó, la pertinencia en la segunda infancia, considerada como una
etapa de alta demanda evolutiva (Fang et al., 2024). De tal forma que las
intervenciones se enfoquen en temáticas como la vinculación afectiva
segura, fortalecimiento en las competencias reexiva e historización
de la parentalidad; así como en estrategias óptimas para la regulación
emocional y conductual de los niños, con la nalidad de mitigar el
estrés parental.
La investigación en esta área ofreció aportes valiosos para la generación
de estrategias de intervención temprana que fomenten entornos
familiares saludables en el contexto ecuatoriano.
CONCLUSIONES
El 49 % de los padres evaluados se ubicó en zona de riesgo respecto
al desarrollo de las competencias parentales, especialmente en las
dimensiones vinculares, formativas, protectoras y reexivas, lo que
demostró bajas frecuencias en las prácticas de crianza funcionales
durante la segunda infancia.
En relación con el estrés percibido, se identicaron niveles altos en el
41 % de los padres evaluados y bajos en el 25 %. Ambos porcentajes
son considerados como factores de riesgo para la calidad del cuidado
infantil. La dimensión de malestar parental constituyó la subescala con
las puntuaciones más elevadas, lo que reejó una mayor relevancia en
la experiencia global de estrés en la muestra evaluada.
De manera complementaria, el análisis comparativo según el sexo de los
progenitores no evidenció diferencias estadísticamente signicativas
entre hombres y mujeres en ninguna de las dimensiones de competencias
parentales ni en los niveles de estrés percibido.
Por otra parte, el análisis correlacional conrmó el objetivo del estudio
al evidenciar una relación negativa, moderada y estadísticamente
signicativa entre las competencias parentales y el estrés percibido (rho=
-0.472). Este resultado indicó que, a mayores niveles en el desarrollo de
competencias parentales, menor malestar parental, menor percepción
de interacción disfuncional y menos dicultades en la conducta infantil.
Adicionalmente, se determinó que estas competencias parentales
explicaron el 22 % de la variabilidad del estrés parental, lo que demostró
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su función como factor protector tanto en las trayectorias de desarrollo
infantil como en el bienestar del cuidador. Especícamente la dimensión
vincular y reexiva presentaron una relación más signicativa con el
nivel de estrés percibido, lo que reejó la importancia de las habilidades
relacionadas con la regulación emocional, empatía y sensibilidad
parental en la disminución del malestar emocional que implica la
crianza.
En síntesis, los hallazgos permitieron concluir que un adecuado
desarrollo de las competencias parentales contribuyó a disminuir
el estrés percibido asociado a las demandas propias de la crianza en
la segunda infancia. Estos resultados respaldaron la importancia de
fortalecer prácticas de crianza sensibles, reexivas y emocionalmente
reguladas para mejorar el bienestar parental y promover entornos bien
tratantes para los niños y sus familias.
DECLARACIÓN DE CONFLICTOS DE INTERESES: Las autoras
declaran no tener conictos de interés.
DECLARACIÓN DE CONTRIBUCIÓN DE LAS AUTORAS Y
AGRADECIMIENTOS: A continuación, se menciona la contribución
de cada autora, utilizando la Taxonomía CRediT.
− Micaela Sarahí Rodríguez Vásquez: Autora principal,
Conceptualización, Curaduría de datos, Análisis formal,
Investigación, Metodología, Recursos, Redacción – borrador
original, redacción y edición.
− Lucía Almeida Márquez: Conceptualización, Análisis formal,
Metodología, Redacción – revisión y edición.
Las autoras agradecen el apoyo brindado a las personas responsables
del Centro de investigación y posgrados de la Ponticia Universidad
Católica del Ecuador Sede Ambato, que brindaron asesoría durante
el proceso de investigación y revisión, pero no son responsables del
contenido de este artículo.
DECLARACIÓN DE APROBACIÓN DEL COMITÉ DE ÉTICA:
Las autoras declaran que la Ponticia Universidad Católica del
Ecuador sede Ambato no posee un Comité de Ética; sin embargo, la
investigación contó con una revisión de los procesos éticos basados en
la normativa APA y Convención de Helsinki. Asimismo, el presente
estudio fue autorizado por las autoridades de las instituciones educativas
participantes y de la universidad mencionada.
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DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS: Las autoras
declaran que los datos utilizados en el estudio ejecutado se encuentran
disponibles y sin restricciones de acceso para ser analizados por los
interesados en el repositorio: https://doi.org/10.5281/zenodo.17528607
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