
Houda Berkani
CHAKIÑAN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades / ISSN 2550 - 6722
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Según relatos posteriores, Beatriz habría perdido a sus padres y a varios
hermanos durante incursiones de las tropas cristianas, quedando cautiva
en su niñez. Efectivamente, existen registros de que fue capturada muy
joven como esclava en las montañas del Reino de Granada.
En aquellos años turbulentos, muchas mujeres moriscas fueron forzadas
a abandonar su tierra; algunas prerieron partir como esclavas a tierras
de ultramar antes que renunciar del todo a su identidad. Fuentes del
Archivo General de la Nobleza indicaron que la esclava fue propiedad,
de la hermana del veedor García de Salcedo y se lo regaló como regalo
de boda.
El testigo Rodrigo Nieto, vecino de León, en el Perú, declaró en 1553
que él le preguntó a Pedro Gutiérrez, sobrino de García de Salcedo,
sobre la esclava Beatriz de Salcedo y este le contestó que su madre se
la había dado a García de Salcedo. Otra testigo, Isabel Núñez Moscoso,
conoció a Beatriz desde que era niña en la villa de Zafra (Archivo
Histórico de la Nobleza, 1547, Vivero, C 57, D 55).
Hacia 1531-1532, Beatriz aparece en escena formando parte de la
soldadesca que acompañó a la expedición de Francisco Pizarro al
Perú; llegó en 1532 al puerto de San Miguel de Piura en calidad de
esclava del veedor real. García de Salcedo era el funcionario encargado
de scalizar la quinta real en la hueste de Pizarro, y había obtenido
permiso expreso para llevar hasta cuatro esclavas blancas a su servicio
en Indias (Carmona Bustos & Acosta Rodríguez, 1999).
Beatriz gura entre estas esclavas blancas, mencionada en documentos
simplemente como Beatriz, la morisca. Tenía probablemente menos
de 20 años y ostentaba una belleza e inteligencia que pronto fueron
notorias entre los conquistadores. Fornieles Álvarez apunta: “En el viaje
sí lo acompañó [se reere al viaje de García de Salcedo], un séquito
formado por personal de servicios y esclavos. Entre estos viajó una
joven morisca criada desde niña en Zafra” (2024, p. 44). Posteriormente,
la esclava morisca se convirtió en esposa del veedor real según consta
en fuentes del Archivo General de Indias (s.f.).
Su llegada coincidió con momentos decisivos de la conquista del
Imperio Inca. Beatriz estuvo presente en Cajamarca en 1532, durante la
captura del Inca Atahualpa. Ella misma llegaría a armar, años después,
con legítimo orgullo: “porque como fui la primera mujer que entró en
este reino [del Perú], en Casamalca, estaba yo con ellas [las mujeres del
Inca] y las trataba y conversaba” (Bartet, 2010, párr. 16). Este valioso
testimonio muestra que Beatriz fue probablemente la primera mujer
española en ingresar a territorio incaico, y que convivió estrechamente
con las princesas y esposas de Atahualpa mientras este permanecía
cautivo. Cabe señalar que, tras una ingente búsqueda en fuentes
primarias, no se encontró ninguna alusión a este dato promulgado por la
historiadora Leyla Bartet. Aun así, sigue siendo ampliamente recogido
por la tradición cientíca que ha tratado el tema.