ABRIL, 2026 (42-60)Número 28
BEATRIZ DE SALCEDO: MICROHISTORIA,
GÉNERO Y LEGADO MORISCO EN LOS
INICIOS DEL VIRREINATO DEL PERÚ
BEATRIZ DE SALCEDO: MICROHISTORY,
GENDER, AND THE MORISCO LEGACY IN
THE EARLY DAYS OF THE VICEROYALTY OF
PERU
DOI: https://doi.org/10.37135/chk.002.28.02
Artículo de Investigación
Recibido: (06/08/2025)
Aceptado: (19/11/2025)
1Centro de Servicios Escolares de Laval, Quebec, Canadá, email: houdaberkani@
gmail.com
Houda Berkani1
Houda Berkani
CHAKIÑAN. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades / ISSN 2550 - 6722
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Este artículo de investigación es una aproximación microhistórica a la gura de Beatriz de
Salcedo, una mujer morisca originaria de la Península Ibérica. Llegó a las Américas como
esclava en los primeros años de la colonización del Perú. El interés que cobra la investigación
consiste en ofrecer otra alternativa a la narrativa historiográca tradicional, cuestionando la
exclusión de agentes considerados marginales. El estudio tuvo como objetivo reconstruir
la vida de Beatriz de Salcedo para evidenciar la integración y el ascenso social de una
mujer morisca en el Perú virreinal. Mediante una aproximación metodológica de enfoque
microhistórico con un muestreo intencional del Portal de Archivos Españoles (PARES) sobre
la gura de Beatriz en función de su pertinencia biográca y cronológica. Estas fuentes
primarias fueron complementadas con bibliografía secundaria especializada. El estudio
subraya que Beatriz, pese a ser mujer morisca y esclava, consiguió ascender hasta convertirse
en encomendera y referente social en Lima, consolidando inuencia en los ámbitos
económicos, familiares y culturales. Los resultados demuestran que, junto a las políticas de
exclusión hacia los moriscos, siempre existían vías de negociación social e integración que
facilitaron trayectorias de poder femenino.
PALABRAS CLAVE: Beatriz de Salcedo, microhistoria, moriscos, esclavitud femenina,
Virreinato del Perú
This research article oers a microhistorical approach to the gure of Beatriz de Salcedo; a
Morisco woman from the Iberian Peninsula. She was taken to the Americas as an enslaved
woman in the early years of the colonization of Peru. The signicance of this study lies
in oering an alternative to traditional historiographical narratives, questioning the
exclusion of actors considered marginal. The study aimed to reconstruct the life of Beatriz
de Salcedo in order to highlight the integration and social ascent of a Morisco woman in
the Viceroyalty of Peru. Methodologically, the research follows a microhistorical approach,
with an intentional sampling of documents from the Spanish Archives Portal (PARES)
selected for their biographical and chronological relevance to Beatriz. These primary
sources were complemented with specialized secondary literature. The study emphasizes that
Beatriz, despite being both a Morisco woman and a slave, managed to rise to the position of
encomendera and social referent in Lima, consolidating inuence in economic, family, and
cultural spheres. The ndings showcase that, alongside ocial exclusionary policies toward
Moriscos, there were always avenues of social negotiation and integration that enabled
trajectories of female power.
KEYWORDS: Beatriz de Salcedo, microhistory, moriscos, female slavery, Viceroyalty of
Peru
RESUMEN
ABSTRACT
BEATRIZ DE SALCEDO: MICROHISTORIA,
GÉNERO Y LEGADO MORISCO EN LOS
INICIOS DEL VIRREINATO DEL PERÚ
BEATRIZ DE SALCEDO: MICROHISTORY,
GENDER, AND THE MORISCO LEGACY IN THE
EARLY DAYS OF THE VICEROYALTY OF PERU
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INTRODUCCIÓN
La Reconquista cristiana y la expansión castellana a inicios del siglo
XVI marcaron el principio de una compleja historia compartida entre la
Península Ibérica y las Américas. Tras la caída de Granada en 1492, la
Corona española integró a la población musulmana derrotada mediante
conversiones forzosas; estos conversos, conocidos como moriscos,
quedaron ocialmente excluidos de emigrar a las Indias, aunque en
la práctica algunos participaron en la empresa colonial (Bartet, 2007).
Desde los primeros años del virreinato del Perú se conrma la llegada de
moriscos y sus descendientes, algunos de los cuales ocuparon puestos
de interés dentro de la sociedad colonial. A pesar de las restricciones
ociales, la Corona permitió en ciertos casos el paso de esclavos
moriscos, sobre todo mujeres, al servicio de los altos funcionarios en
América.
Sin embargo, la posición de la monarquía española hacia los moriscos
estuvo marcada por la desconanza total. Los moriscos fueron
considerados cristianos nuevos con poca lealtad a la monarquía. De
hecho, la Corona proclamó una prohibición general que les impidiera
embarcarse hacia las Indias con el n de preservar la uniformidad
religiosa en las colonias. Esta desconanza se tradujo en la legislación
de Indias, que incluyó leyes y cédulas reales expresamente dirigidas a
impedir el paso de personas moriscas al Nuevo Mundo, ante el temor
de que pudieran obstaculizar los esfuerzos de cristianización entre la
población local (Pérez Álvarez, 2013).
Sin embargo, las exigencias demográcas y económicas de las colonias
fueron cruciales para dictar excepciones a esta regla. En la práctica, varias
cédulas reales otorgaron permisos especiales para llevar moriscos a las
Indias, tanto como esclavos de colonos españoles o como miembros de
tripulación gracias a sus conocimientos náuticos. Todo esto fue posible
dada la escasez de mano de obra y de marineros en ciertas expediciones
(Pérez Álvarez, 2013).
A pesar de la normativa restrictiva, numerosos moriscos lograron
emigrar de forma clandestina a América, aprovechando esas licencias
excepcionales o valiéndose de identidades encubiertas, hasta el punto
de que la monarquía tuvo que reiterar la prohibición en repetidas
ocasiones durante el siglo XVI (Pérez Álvarez, 2013). De hecho,
aunque ocialmente eran considerados cristianos nuevos poco ables,
un número signicativo de moriscos consiguió establecerse en las Indias
gracias a tales permisos excepcionales o mediante la emigración ilegal,
dejando así su huella en la sociedad colonial (Pérez Álvarez, 2013).
En este marco destaca la gura de Beatriz de Salcedo, su vida fue un
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ejemplo de esas conexiones interculturales. Nacida hacia 1510 en la
región de al-Ándalus, posiblemente Laroya, Almería; Beatriz era una
mujer morisca capturada durante las guerras de Granada y vendida
como esclava (Cáceres Enríquez, 1995). En 1532 cuando tenía 22 años
embarcó al Perú con la expedición de Francisco Pizarro. Al principio
pasó desapercibida, se ha identicado tan solo por su nombre de pila.
Sin embargo, tuvo un cambio signicativo al ocupar el cargo de la
concubina del veedor real Sancho García de Salcedo (Bartet, 2007).
Se le otorgó el permiso para trasladarse al Perú pagando una anza
de mil ducados según consta en el Archivo General de Indias (1529,
julio 30). En el primer año de su llegada fue liberada y adoptó el
apellido de su amo, lo que le permitió integrarse en la sociedad de aquel
entonces. Su condición de mujer en un entorno dominado por hombres
conquistadores le permitió entablar relaciones sociales e íntimas con
las mujeres indígenas, hecho que facilitó su integración en el nuevo
mundo.
La presente investigación contribuye a visibilizar aspectos de la historia
en común, entre el viejo mundo (Europa) y las Indias, mediante el
análisis detallado de la vida de Beatriz de Salcedo. Al reconstruir su
vida y el ambiente que la rodeó, las relaciones sociales y culturales
que unieron el pasado de al-Ándalus con el Perú colonial, quedaron al
descubierto los aspectos referidos, contribuyendo a una historia de la
conquista más diversa y compleja.
METODOLOGÍA
El estudio historiográco resalta las interacciones entre la Península
Ibérica y las Indias a comienzos del siglo XVI, un periodo marcado
por la reciente conquista de Granada y los primeros embarques hacia
América. Para abordar este estudio, se optó por una aproximación
metodológica centrada en la microhistoria, que constituye una corriente
historiográca originada en los años 1970 como reacción, tanto a la
historia positivista centrada en grandes acontecimientos, como a la
historia estructural de larga duración de la escuela de Annales (Man,
2013), quien planteó al respecto:
Primero y de manera convencional el contexto es el espacio
próximo en el que sucede un hecho, espacio concebido como un
sistema de signicados al que pertenece. Según esta acepción
espacio-temporal, el contexto puede leerse de dos formas; a
la manera funcionalista determinista, en la cual lo particular
queda explicado por lo general que lo contiene; o de la forma
microhistórica, en la cual la reducción de escala de lo particular
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revela las incoherencias del contexto general. (p. 170)
En lugar de las visiones totalizadoras, la microhistoria propone reducir
la escala de observación para estudiar en detalle casos particulares,
usualmente comunidades pequeñas o individuos comunes (en el caso
de este estudio: Beatriz de Salcedo), con el n de descubrir en lo micro
las dinámicas sociales y culturales más amplias.
Uno de sus fundadores, Carlo Ginzburg, ejemplicó este enfoque en El
queso y los gusanos (1976), la historia de un molinero hereje del siglo
XVI, donde mostró cómo un sujeto aparentemente marginal puede
revelar todo un universo cultural popular y las tensiones con la ortodoxia.
Ginzburg y otros investigadores de la microhistoria inventaron lo que
se llama Paradigma Indiciario, un tipo de análisis fundamentado en la
interpretación de los indicios y las señales sutiles.
Se intenta, por tanto, la reconstrucción de los hechos y de los contextos
con indicios extraídos de varios documentos, puesto que, en muchas
ocasiones, estos indicios no están documentados en una sola fuente
(Men, 2013). Se trata, por lo tanto, de un constructivismo consciente.
El historiador sabe que ha de reconstruir el objeto de estudio de modo
informativo, combinando un riguroso trabajo empírico con cierta
interpretación pragmática con el n de darle sentido a las lagunas de
los documentos.
Ahora bien, un punto central de la microhistoria es el debate sobre la
representatividad de los casos singulares. ¿Cómo puede la historia de un
individuo atípico decir algo sobre procesos más amplios? Al respecto,
Men argumenta:
Ante esta disyuntiva Eduardo Grendi elaboró la denición de
“excepcional-normal”, como un oxímoron epistemológico en el
cual los márgenes de la sociedad, lo “anormal” y lo periférico
pueden informarnos mucho incluso sobre el propio centro.
Según este autor, exponente de la corriente, lo excepcional
deviene normal y no trasciende sino sólo excepcionalmente
debido a su propia normalidad. En este sentido es fundamental
comprender a la excepción en términos cualitativos más que
cuantitativamente. (2013, p. 169)
Los microhistoriadores responden con el concepto de lo excepcional
normal propuesto por Eduardo Grendi. Este sostiene que los márgenes de
la sociedad, lo aparentemente anormal o excepcional, pueden informar
mucho sobre el propio centro de esa sociedad. En este enfoque, lo
excepcional deviene normal, es decir, casos únicos como el de Beatriz
de Salcedo no se consideran meras curiosidades aisladas, sino ventanas
que revelan normas sociales, valores y conictos generalmente ocultos.
La excepción se comprende en términos cualitativos, no estadísticos;
un individuo minoritario puede encarnar de forma intensa las tensiones
y posibilidades latentes de su época. Así, el microanálisis de la vida
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de Beatriz puede contradecir y matizar las narrativas generales sobre
la conquista y la colonia, mostrando perspectivas alternativas (de una
mujer, esclava y morisca) usualmente ignoradas en la historia clásica.
Para llevar a cabo un estudio microhistórico riguroso sobre Beatriz de
Salcedo, se aplicó la siguiente metodología, articulada en varios ejes:
1. Búsqueda y análisis de fuentes primarias:
El corazón de la microhistoria es el trabajo minucioso con las fuentes, por
lo que se rastrearon documentos en archivos de España relacionados con
Beatriz y otros moriscos coloniales. El eje de esta labor microhistórica
es el análisis de los documentos de archivo sobre Beatriz de Salcedo y
esposo.
Para la elaboración de este estudio se recurrió a siete unidades
documentales localizadas en el Portal de Archivos Españoles (PARES):
- Archivo Histórico de la Nobleza. (1547). Documentación
relativa al patrimonio de las familias García de Salcedo y
Mercado y a su transmisión por herencia [ES.45168.AHNOB//
VIVERO,C.57,D.55].
- Archivo General de Indias [AGI]. (s.f.). Person-Salcedo, García de
[ES.41091.AGI/23.9//LIMA,565,L.1,F.67V(3)].
- Archivo General de Indias [AGI]. (1569). Emplazamiento
y compulsoria a Beatriz de Salcedo [ES.41091.AGI//
PATRONATO,292,N.3,R.181].
- Archivo General de Indias. (1529, mayo 24). Copia de la real
provisión por la que se nombra a García de Salcedo veedor
de fundiciones de la gobernación del Perú [ES.41091.AGI//
PATRONATO,28,R.41].
- Archivo General de Indias. (1543, octubre 31). Ejecutoria a petición
del scal en el pleito con Rodrigo de Mazuelas y García de Salcedo
[ES.41091.AGI/22//INDIFERENTE,423,L.20,F.710R(1)].
- Archivo General de Indias. (1529, julio 30). Real cédula a los
ociales de la Casa de Contratación para que García de Salcedo
pueda pasar al Perú presentando carta de pago de 1.000 ducados
como anza [ES.41091.AGI/22//LIMA,565,L.1,F.51V-52R].
- Archivo General de Indias. (1529, mayo 24). Real provisión
nombrando a García de Salcedo veedor de las fundiciones de oro,
plata y otros metales de la provincia de Tumbes, con un salario anual
de 130 000 maravedíes [ES.41091.AGI/22//LIMA,565,L.1,F.4R-
5V].
Estos documentos han sido seleccionados en función de los criterios
de historicidad, proximidad cronológica, y la relación directa tanto con
Beatriz como con su estirpe.
La elección excluyó documentación repetitiva o puramente
administrativa y se hizo hincapié en fuentes con huellas biográcas,
familiares o patrimoniales del personaje principal. Este criterio también
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fue aplicado a la correspondencia y a las informaciones de méritos y
servicios, de las que únicamente se revisaron las que mencionaban
explícitamente a García de Salcedo o a sus herederos.
En concreto, se analizaron documentos notariales, judiciales y
genealógicos que permiten dar cuenta de la trayectoria de Beatriz y de
su inserción en la sociedad virreinal. Mediante dichos documentos se
pretendió recopilar la historia familiar de Beatriz, el nombramiento de su
esposo en Lima, sus bienes, nanzas, etc. Cada fragmento documental
se analizó en su contexto, contrastándolo con otras fuentes.
2. Reconstrucción biográca:
Con piezas documentales recopiladas, se procedió a reconstruir la
biografía de Beatriz de Salcedo lo más completamente posible, lo que
implicó establecer una cronología de su vida (orígenes en España,
posiblemente en la región de Almanzora, Almería, según varios
indicios (Cáceres Garriga, 2024), llegada al Perú, período de esclavitud,
manumisión, relación concubinaria y matrimonio con García de
Salcedo, rol en Lima y eventual desenlace de su vida).
Dado que las fuentes sobre personas marginales suelen ser fragmentarias,
se aplicó una estrategia de micro-dosier: reunir todos los documentos
alusivos a Beatriz y su entorno, y tejer con ellos un relato coherente
identicando causas y consecuencias en su trayectoria. Aquí, la técnica
narrativa de historia de vida propia de la microhistoria fue valiosa,
en tanto se combinaron detalles aparentemente menores para ilustrar
aspectos más amplios de su personalidad y su posición social. Dentro
del enfoque microhistórico adoptado, se incorporó un componente
prosopográco en pequeña escala, entendido como el estudio comparado
de trayectorias individuales para reconstruir perles colectivos. En este
sentido, la prosopografía no se aplicó como una estadística de grupos
amplios, sino como una herramienta cualitativa destinada a identicar
patrones comunes entre las mujeres que participaron en los procesos
de conquista y asentamiento en el Perú del siglo XVI. A través de una
pequeña comparación de casos a escala reducida como los de Beatriz
de Salcedo y Inés Muñoz, fue posible observar irregularidades en
las tradiciones cientícas relacionadas con las mujeres ibéricas de la
colonia. La mayoría de estas irregularidades han sido señaladas a nivel
de sus aportaciones a la colonia. Este enfoque permitió trascender el
carácter excepcional del caso de Beatriz de Salcedo para situarla en un
universo sociocultural compartido, revelando las continuidades entre
la herencia morisca peninsular y las dinámicas sociales del virreinato.
La prosopografía, así entendida, refuerza la validez interpretativa del
microanálisis individual al vincularlo con fenómenos colectivos más
amplios.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Beatriz de Salcedo es una gura histórica extraordinaria que ha
despertado el interés de la investigación moderna. Se trata de una mujer
morisco-andaluza del siglo XVI, cuya vida ilustra vívidamente los lazos
culturales entre al-Ándalus y las Indias durante la primera etapa de la
conquista española.
Estudios recientes como el de Leyla Bartet (2010) reivindican su papel
pionero en el Perú colonial. Beatriz de Salcedo fue probablemente
la primera mujer europea en ingresar al Perú, acompañando a los
conquistadores de Francisco Pizarro en 1532. Al respecto, Bartet (2010,
párr. 16) dijo: “Beatriz de Salcedo llegó a ser la primera española oidora
de la cordillera andina. Acompañó a su concubino a Cajamarca cuando
aún estaba preso el inca Atahualpa y logró entablar cierta amistad con
las hermanas y mujeres del depuesto inca”.
Su caso reviste especial interés: a pesar de haber llegado como
esclava morisca, logró ascender socialmente hasta convertirse en una
encomendera acaudalada y en un puente vivo de transmisión cultural
entre dos mundos. A continuación, se examina su trayectoria vital y
legado, a la luz de las investigaciones modernas que han revisitado su
biografía y contexto.
CONTEXTO: MORISCAS EN LA CONQUISTA DE
AMÉRICA
La presencia de Beatriz de Salcedo en las Indias se inscribe en un
fenómeno más amplio: la participación de mujeres moriscas (musulmanas
hispánicas conversas) en las primeras etapas de la colonización española
de América. Tras la caída del reino de Granada en 1492, España heredó
una compleja relación de ocho siglos con la cultura de al-Ándalus.
No sorprende, por tanto, que, en los años iniciales de la conquista del
Perú, aproximadamente hasta 1535, prácticamente no llegaran mujeres
castellanas, y que la mayoría de las mujeres presentes fueran moriscas,
llamadas entonces esclavas blancas (Bartet, 2010).
De hecho, en 1537 se contaban solo 14 mujeres españolas frente a unos
380 hombres en Lima (García de Sola, 2019), lo que explica por qué
los colonizadores prerieron traer mujeres moriscas para satisfacer las
necesidades del incipiente núcleo hispano antes que recurrir a mujeres
indígenas (Cárdenas Borja, 2024). Esta preferencia obedecía en parte
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a que las moriscas, aunque de origen humilde, compartían el idioma,
la fe (convertida) y en cierto modo las costumbres básicas de los
españoles, representando un, otro conocido, frente a la otredad radical
que encarnaban las nativas americanas.
A propósito, Lockhart postula: “Si bien la inuencia indígena fue
importante, tanto inmediatamente como a lo largo del tiempo, el Perú,
incluso en la primera generación, tenía sucientes españolas como para
imposibilitar la pérdida de cualquier elemento cultural importante”,
(Lockhart, 1982, p, 87).
La cita explica cómo la Corona llegó a otorgar permisos especiales para
llevar moriscos a las Indias, a pesar de la desconanza hacia posibles
inltraciones islámicas, dada la urgente demanda de mano de obra y
compañía femenina en los nuevos dominios. En palabras de Cáceres
Enríquez (2008), el Rey de España no estaba dispuesto a permitir que
el cristianismo saliera perjudicado por minorías cuya delidad a la
monarquía parece sospechosa.
Justo en este marco las moriscas tuvieron roles sociales muy diversos.
Gran parte de ellas se iniciaron como sirvientas o concubinas de los
conquistadores, aunque algunas alcanzaron cierta prosperidad y estatus,
sobre todo aquellas que arribaron en los primeros años de la conquista.
Las moriscas libres tenían una situación muy ambigua, pues si su
origen las ponía en situación de desventaja socialmente hablando, su
antigüedad, un valor ampliamente apreciado en la sociedad colonial,
las elevaba. Algunas permanecieron en posiciones marginales, como
criadas, otras asumieron el papel de españolas y hubo algunas que
alcanzaron una elevada condición social (Manrique, 2003).
Su antigüedad en el incipiente orden colonial era un valor apreciado que
podía elevarlas por encima de su origen subordinado. Según la socióloga
peruana Leyla Bartet (2010), algunas moriscas asumieron el papel de
españolas y hubo algunas que alcanzaron una elevada condición social.
Beatriz de Salcedo es precisamente el ejemplo paradigmático de este
fenómeno: su vida ilustra cómo una esclava morisca pudo integrarse y
prosperar en la cúspide de la sociedad virreinal temprana.
DE LAROYA A CAJAMARCA: LOS ORÍGENES DE
BEATRIZ DE SALCEDO
La información sobre Beatriz de Salcedo es escasa e incluso legendaria.
Se cree que nació a principios del siglo XVI en Laroya, la actual Almería.
Beatriz debió de ser parte de una familia de moriscos granadinos que
sobrevivieron a la Guerra de las Alpujarras, que se desencadenó por
consecuencia de la reconquista cristiana a las tierras de Al-Ándalus.
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Según relatos posteriores, Beatriz habría perdido a sus padres y a varios
hermanos durante incursiones de las tropas cristianas, quedando cautiva
en su niñez. Efectivamente, existen registros de que fue capturada muy
joven como esclava en las montañas del Reino de Granada.
En aquellos años turbulentos, muchas mujeres moriscas fueron forzadas
a abandonar su tierra; algunas prerieron partir como esclavas a tierras
de ultramar antes que renunciar del todo a su identidad. Fuentes del
Archivo General de la Nobleza indicaron que la esclava fue propiedad,
de la hermana del veedor García de Salcedo y se lo regaló como regalo
de boda.
El testigo Rodrigo Nieto, vecino de León, en el Perú, declaró en 1553
que él le preguntó a Pedro Gutiérrez, sobrino de García de Salcedo,
sobre la esclava Beatriz de Salcedo y este le contestó que su madre se
la había dado a García de Salcedo. Otra testigo, Isabel Núñez Moscoso,
conoció a Beatriz desde que era niña en la villa de Zafra (Archivo
Histórico de la Nobleza, 1547, Vivero, C 57, D 55).
Hacia 1531-1532, Beatriz aparece en escena formando parte de la
soldadesca que acompañó a la expedición de Francisco Pizarro al
Perú; llegó en 1532 al puerto de San Miguel de Piura en calidad de
esclava del veedor real. García de Salcedo era el funcionario encargado
de scalizar la quinta real en la hueste de Pizarro, y había obtenido
permiso expreso para llevar hasta cuatro esclavas blancas a su servicio
en Indias (Carmona Bustos & Acosta Rodríguez, 1999).
Beatriz gura entre estas esclavas blancas, mencionada en documentos
simplemente como Beatriz, la morisca. Tenía probablemente menos
de 20 años y ostentaba una belleza e inteligencia que pronto fueron
notorias entre los conquistadores. Fornieles Álvarez apunta: “En el viaje
lo acompañó [se reere al viaje de García de Salcedo], un séquito
formado por personal de servicios y esclavos. Entre estos viajó una
joven morisca criada desde niña en Zafra” (2024, p. 44). Posteriormente,
la esclava morisca se convirtió en esposa del veedor real según consta
en fuentes del Archivo General de Indias (s.f.).
Su llegada coincidió con momentos decisivos de la conquista del
Imperio Inca. Beatriz estuvo presente en Cajamarca en 1532, durante la
captura del Inca Atahualpa. Ella misma llegaría a armar, años después,
con legítimo orgullo: “porque como fui la primera mujer que entró en
este reino [del Perú], en Casamalca, estaba yo con ellas [las mujeres del
Inca] y las trataba y conversaba” (Bartet, 2010, párr. 16). Este valioso
testimonio muestra que Beatriz fue probablemente la primera mujer
española en ingresar a territorio incaico, y que convivió estrechamente
con las princesas y esposas de Atahualpa mientras este permanecía
cautivo. Cabe señalar que, tras una ingente búsqueda en fuentes
primarias, no se encontró ninguna alusión a este dato promulgado por la
historiadora Leyla Bartet. Aun así, sigue siendo ampliamente recogido
por la tradición cientíca que ha tratado el tema.
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Las crónicas señalan asimismo que los propios conquistadores la
mantuvieron apartada del campamento masculino durante el cautiverio,
permitiéndole residir con las ñustas (nobles indígenas) para preservar su
seguridad e integridad. A partir de esa convivencia, Beatriz desarrolló
un entendimiento y empatía inusuales hacia la población indígena,
llegando a forjar cierta amistad con las hermanas del Inca depuesto. Este
rasgo humanizador distinguiría su actuación en un entorno por demás
violento, y le granjearía respeto tanto de españoles como de nativos.
PODER Y ASCENSO SOCIAL EN LA LIMA
COLONIAL
En enero de 1535 Francisco Pizarro fundó la Ciudad de los Reyes
(Lima), futura capital del virreinato. El 18 de enero de 1535, Beatriz
de Salcedo presencio la fundación de Lima como la única mujer entre
los rmantes del acta fundacional. Su nombre que gura junto al de los
hombres conquistadores evidencia su integración dentro del círculo de
poder de los conquistadores.
Dentro de la nueva sociedad colonial de Lima, Beatriz ocupó un lugar
particular. Aunque no tenía contraído un matrimonio ocial, su íntima
relación con el veedor le permitió asumir responsabilidades nunca vistas
para una mujer de origen morisco de su tiempo. A saber, las Leyes de
Indias impedían a los ociales reales ejercer negocios o llevar a cabo
actividades comerciales, de hecho, Beatriz asumía la gestión de los
negocios de su esposo para manipular el decreto de prohibición. Cabe
citar también los varios litigios que tuvo el veedor de índole comercial
lo mantenían ocupado (Archivo General de Indias, 1543, octubre 31).
La autoridad con que contaba su amo como veedor de fundiciones de la
gobernación de Perú le facilitó el acceso al poder dentro de la sociedad
colonial (Archivo General de Indias, 1529, mayo 24).
Al actuar como gerente de la fortuna que ambos van acumulando, les
permitió ocupar un lugar de poder económico considerable, y que, desde
luego, será objeto de varias disputas a la hora de la herencia. Fornieles
(2024) subraya que Beatriz llegó a compartir el liderazgo de las tierras
que su compañero gobernaba, al punto que el propio García de Salcedo
decidió nalmente casarse con ella para legitimar plenamente su unión
y legado.
El más importante de todos fue su esclava, posteriormente
esposa, Beatriz de Salcedo. (...) La joven pronto se convirtió en
la persona de conanza en la que Salcedo delegó la mayor parte
de su actividad mercantil, hasta tal punto que se convirtió en una
de las mujeres más poderosas del Perú. Tras la muerte de doña
Inés, se convirtió en la nueva esposa del veedor, adoptando el
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nombre de Beatriz de Salcedo. Ello le permitió legalizar a los tres
hijos que habían nacido de sus relaciones extramatrimoniales
con el funcionario real. (p. 45)
Que una exesclava morisca ostentara un cargo así rompe todos
los moldes sociales de la época. Bartet (2010, párr. 17) señala que
“Beatriz de Salcedo… se convierte así en una excepción en las Indias
Occidentales: la única mujer encomendera y morisca de la historia de
América”. Su caso desaó los prejuicios raciales y de género vigentes,
evidenciando que en la movilidad social de la temprana colonia pesaban
tanto el mérito personal y las alianzas estratégicas, como la antigüedad
en la empresa conquistadora.
Con el paso del tiempo las fuentes coloniales comenzaron a mencionarla
con menor frecuencia, Doña Beatriz guardó su prestigio tras la muerte
de García de Salcedo. Continuó gestionando su hacienda en Lima, y
ejerció un poder real que le atrajo el respeto de su entorno. Tal era su
inuencia, hasta el punto de ser conocida con el nombre de, la virreina
morisca del Perú, un apodo que hace referencia a su rol determinante en
la vida social y económica de Lima.
LEGADO Y CONEXIONES ENTRE LOS MORISCOS
Y LAS INDIAS
Más allá de los detalles novelescos de su vida, lo que hace a Beatriz de
Salcedo verdaderamente relevante es su legado en la historia cultural
del Perú; Del Busto (2003, julio 14-18) y Bartet (2010) resaltan que
la inuencia de las moriscas en Lima fue profunda y perdurable. Hay
aportes concretos que la tradición le atribuye. Uno de los más célebres
es la introducción del cultivo del trigo en tierras peruanas.
Doña Beatriz sembró por primera vez trigo en el Perú al rescatar unos
granos intactos que encontró entre harina mal molida traída desde
España. Con paciencia los plantó y logró que germinaran en los campos
de Lima, inaugurando así la producción local de este cereal europeo.
Una real cédula del virrey Conde de Nieva años después reconocería
ocialmente que no fueron las damas castellanas de alta alcurnia, sino
las esclavas moriscas quienes introdujeron el trigo en el Perú (Bartet,
2010). Al respecto, la introducción del trigo al Perú ha sido objeto de
disputa historiográca, de hecho, mantenemos este dato como elemento
discutible y no como realidad histórica incontrovertible.
Otra aportación cultural notable asociada con Beatriz de Salcedo es la
difusión en Lima de la indumentaria femenina de inspiración andalusí
(morisco). Se arma que introdujo el uso del manto para cubrir el rostro,
moda que se volvería característica de las limeñas bajo el nombre de:
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la tapada. En la Lima virreinal se hizo común ver a las damas caminar
por las calles envueltas en saya y manto, dejando solo un ojo a la vista
un atuendo casi calcado de la vestimenta tradicional de las mujeres
musulmanas en al-Ándalus. Al respeto dijo Pérez Álvarez (2013):
Al hablar de los aportes culturales de las mujeres, es de destacar
la costumbre de las limeñas de utilizar un manto que cubría la
mayor parte del cuerpo dejando al descubierto sólo un ojo, son
las famosas “tapadas” de Lima. Los propios autores americanos
arman que era una costumbre desarrollada en Andalucía por
las mujeres moriscas, para eludir la prohibición del velo y que
terminó siendo una prenda de moda en la Lima del siglo XVI y
XVI. (p. 1064)
Las investigaciones históricas conrman que esta moda de las tapadas
limeñas tuvo un claro origen morisco: ya desde los primeros años de la
Colonia se observó a mujeres cubiertas, al más típico estilo musulmán,
en la ciudad de los Reyes (Cáceres Enríquez, 2008). Incluso un virrey
del siglo XVI, molesto por esta práctica por considerarla indecorosa,
intentó prohibirla, pero fracasó al revelarse que hasta su propia esposa se
vestía de tapada. La costumbre perseveró por más de tres convirtiéndose
en seña de identidad de Lima.
La introducción de esta prenda se atribuye en gran medida a las primeras
moriscas llegadas al Perú, entre las que Beatriz de Salcedo ocupa
lugar prominente. Su preferencia por el manto pudo haber inuido en
las demás mujeres de la incipiente sociedad limeña, trasplantando un
rasgo de la cultura andalusí al corazón de la América. Este dato ha sido
también sostenido en un trabajo de revisión cultural (Rosas Mayén,
2016, p. 2), donde se ha conrmado los lazos entre la vestimenta de
Isabel de Salcedo y la tapada limeña.
Asimismo, en la gastronomía colonial las moriscas dejaron su huella.
La historiografía destaca que en la cocina temprano-colonial abundaban
dulces, almíbares y especias de origen árabe, legado de las mujeres
moriscas expertas en repostería, que, desde luego, este legado ha sido
transferido a las Américas a manos de esclavas moriscas. Al respecto
Domingo argumenta:
Sabemos que religiosas españolas que fundaron los primeros
conventos en América, especialmente en México y Perú,
llevaron consigo esclavas moriscas, único y excepcional caso
en el que se permitió la entrada en las Indias de personas de esta
comunidad minoritaria de musulmanes conversos. Y es así como
habría pasado al Nuevo Mundo y dejado huellas, lo mejor de lo
que fue todo un arte de vivir. Desde que existe documentación
fehaciente sobre la cocina medieval española, se observa que
han sido ya adoptados productos implantados en España por los
árabes. Esto incluye una serie de hortalizas, como la berenjena;
de frutas, como la naranja, el limón y el dátil; de gramíneas,
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como el trigo duro y el arroz, y de especias, como el jengibre,
y sólo cito algunos de los que fueron más comunes. Nada de
todo esto, vuelvo a insistir, es puramente árabe. Ellos fueron
adoptándolo a lo largo de su marcha nómada, pastoril y militar,
de todos los sitios por donde pasaron. (2018, p. 24)
Muchos postres tradicionales peruanos como el alfajor, ciertos turrones
y mazapanes revelan parentescos con recetas andalusíes, algo que ya en
el siglo XIX llamaba la atención de visitantes orientales por sus sabores
familiares. Del mismo modo, bailes y canciones con aire morisco se
ltraron en el folklore local pese a la censura de la Inquisición, lo
que sugiere que estas mujeres contribuyeron a un temprano mestizaje
cultural en la colonia.
Beatriz de Salcedo tras la muerte de su esposo heredó una fortuna
considerable objeto de varios litigios con la familia de su esposo
difunto, según consta en el Archivo General de Indias (s.f.). En otro
documento del Archivo Histórico de la Nobleza (1547) se indica que el
veedor antes de morir redactó un testamento de herencia para sus hijos
provenientes de su esposa Beatriz de Salcedo.
El testamento de García de Salcedo, escrito para transmitir sus bienes
a sus hijos con Beatriz de Salcedo, pone de relieve la instauración de
un nuevo orden que se ha mezclado con unas dinámicas sociales que
no son del todo corrientes. A pesar del origen esclavo y morisco de
Beatriz, la rme voluntad de reconocer su descendencia por medio de
un testamento implicó su integración al linaje de las élites coloniales.
Este gesto demuestra que, en determinadas circunstancias, el linaje
y los derechos hereditarios, tales como fueron mencionados en un
documento ocial del Consejo de Indias, podían imponerse sobre las
barreras étnicas y religiosas, lo que sugiere una mayor exibilidad del
orden social virreinal respecto a lo que dictaban las normas ociales.
La Real Provisión del 16 de noviembre de 1569 conrma que Beatriz
fue reconocida ocialmente por la Corona como heredera de los bienes
de García de Salcedo, y participó en un procedimiento legal vinculante
dentro de la estructura jurisdiccional colonial (AGI, 1569).
El legado de Beatriz de Salcedo va más allá de su historia personal;
simboliza la transmisión y adaptación de elementos de la civilización
hispanoárabe al mundo americano. Su gura encarna una paradoja
histórica -la de una mujer morisca cuya cultura, experiencia y presencia
inuyeron silenciosamente en el tejido social de la colonia-.
Lejos de ser un caso aislado, su vida vislumbra cómo la formación del
Perú virreinal no fue una obra exclusivamente masculina ni puramente
hispánica, sino el resultado de múltiples aportes, entre ellos, el de
mujeres de origen musulmán que dejaron una huella profunda y duradera
en la construcción del nuevo orden americano. Su vida evidencia que
la identidad hispánica en América nació mestiza por la mezcla con lo
indígena, y también por la sutil pero profunda presencia de la herencia
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andalusí.
LA COMPARACIÓN PROSOPOGRÁFICA
La trayectoria de Beatriz de Salcedo se entremezcla con la de otras
mujeres procedentes de la Peninsula Ibérica, y que, de hecho, han
marcado su paso por la colonia gracias a sus lazos íntimos con los
conquistadores. Enseguida se añade una tabla para la comparación
prosopográca a pequeña escala.
Tabla 1: Comparación prosopográca
El análisis comparado de las trayectorias de Beatriz de Salcedo e
Inés Muñoz revela tanto convergencias sociales como distorsiones
historiográcas en la construcción de la memoria femenina de la
temprana colonia. En los dos casos, se observa una movilidad social
ascendente facilitada por los vínculos con conquistadores o funcionarios
coloniales y por la capacidad de estas mujeres de reapropiarse de los
códigos culturales de una sociedad nueva y desigual. Al respecto,
se han generado varias controversias sobre prioridades temporales
relacionadas con los aportes de estas mujeres a la colonia: quién fue la
primera mujer en llegar al Perú, quién sembró por primera vez trigo o
quién introdujo el uso del manto característico de las tapadas limeñas.
Esta superposición de méritos reeja la escasez de fuentes primarias
y las dinámicas sociales de estas mujeres en sus nuevas patrias. Estas
controversias han sido recogidas en un artículo de los historiadores Del
o Moreno y López Sebastián (1994).
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CONCLUSIONES
El estudio de la trayectoria de Beatriz de Salcedo, la morisca que
llegó desde el viejo mundo hasta las Américas, arroja luz sobre los
cambios estructurales de la sociedad tanto sociales, culturales como
políticos; y que, de hecho, marcaron el inicio del virreinato del Perú.
Este estudio, tratado desde un enfoque microhistórico, visibilizó una
gura silenciada por los grandes discursos. Su vida es un modelo de
integración, adaptación e interacción de culturas y civilizaciones en las
tierras periféricas del Imperio español. Mediante un estudio detallado
de fuentes primarias, como testamentos, provisiones reales y registros
notariales del Archivo General de Indias y el Archivo Histórico de la
Nobleza, así como otras fuentes secundarias, se ha reelaborado la vida
de Beatriz de Salcedo, caracterizada por la esclavitud, el ascenso social,
la convivencia y restos culturales de origen andalusí en las Indias.
El caso de Beatriz de Salcedo entrevé las excepciones que desaaron la
prohibición general de migración de moriscos a América. Pese a la falta
de conanza generada por las autoridades imperiales hacia los moriscos,
que llevaban el nombre de cristianos nuevos, por ser, según los viejos
cristianos, herejes y de poca lealtad, la corona española emitió cédulas
reales individuales que permitieron el paso de mujeres como Beatriz de
Salcedo a las Américas.
La concesión de estos permisos fue posible, por el interés y la
urgencia que supuso el traslado de los moriscos a las Indias. Muchos
de ellos eran artesanos, agricultores, o simplemente acompañantes
de altos funcionarios del Estado; lo que constituyó una mano de obra
imprescindible para hacer funcionar la maquinaria colonial en el Nuevo
Mundo.
Ya en Lima, Beatriz supo, con inteligencia, convertir su destino inicial
de esclava en una posición de prestigio y élite dentro de la estructura
colonial. Su vínculo con el veedor García de Salcedo, alto funcionario
de la empresa colonial facilitó su inserción en la sociedad virreinal,
legitimando la herencia a sus hijos, tal como está demostrado en su
testamento. Este documento es un testimonio de un contexto en el que
el ascensor social, aunque lento, se movía, especialmente para aquellas
mujeres que supieron tejer vínculos afectivos, económicos y familiares
en el marco de una sociedad patriarcal.
Lejos de su biografía, Beatriz fue un ejemplo por el legado que transmitió
en Lima gracias a su convivencia y profundos lazos con las mujeres
indias; se implicó en el cultivo del trigo (tradición poco conocida en
el virreinato del Perú) y la importación de tradiciones extendidas ante
la comunidad morisca en la Península Ibérica, especialmente en lo
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referente a las prendas femeninas.
Un ejemplo notable de ello es la tapada limeña, vestimenta que cubría
el rostro. Durante muchos años esta indumentaria ha sido objeto de
debate; sus raíces de origen andalusí se expandieron al nuevo mundo.
Su legado, de hecho, no se restringe al espacio casero sino a horizontes
culturales más amplios. El poder adquirido por Beatriz de Salcedo fue
posible dentro de una estructura patriarcal encabezada por su esposo, el
veedor García de Salcedo. Su posición dentro de la sociedad colonial
le concedió el privilegio de controlar las reservas de oro y plata en las
Indias (Archivo General de Indias, 1529, mayo 24).
En n, la historia de Beatriz de Salcedo es un microcosmos desde el
cual se explora fenómenos globales como la fundación de la sociedad
colonial peruana, la introducción de las políticas de pureza de sangre, la
supervivencia y el ascenso social de las mujeres durante la conquista, así
como la interacción entre las culturas española, musulmana e indígena
en el siglo XVI. Este enfoque reivindica la imagen de quienes, como
Beatriz de Salcedo, vivieron en los márgenes y cuya memoria histórica
merece ser conocida para completar el mosaico de un pasado común.
DECLARACIÓN DE CONFLICTOS DE INTERESES: La autora
declara no tener conictos de intereses.
DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS: La autora
declara que los datos utilizados en la investigación ejecutada se
encuentran disponibles y sin restricciones de acceso para ser analizados
en el repositorio: https://doi.org/10.5281/zenodo.17072204
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