
ARRASTRADO EN FOTOGRAFÍAS: ELOY ALFARO EN EL TIEMPO
Número 25 / ABRIL, 2025 (342-359)
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Estas fotografías retratan un segmento de lo sucedido aquel 28 de enero
de 1912, cuando llega a Quito el grupo de alfaristas, quienes fueron
llevados al panóptico, donde les propiciaron balazos, garrotazos,
toletazos y puñaladas. Tras desnudarlos los ataron con sogas; los
sacaron a la calle según el testimonio de Augusto Egas (Jácome, 2012).
De esta manera una turba de gente procede a arrastrar los cuerpos por
varias calles hasta El Ejido, donde serían incinerados.
Las imágenes, publicadas en libros de historia y fotografía, manuales
educativos y compilaciones (Banco Central del Ecuador, 1980, 2003;
Santillana, 2006; Cuvi, 2009; Ayala, 2011; Jácome, 2012) suelen estar
acompañadas de textos que rememoran o analizan el hecho.
DOBLE RÉGIMEN DE LA IMAGEN
Como menciona Didi-Huberman (2005) en su ejemplo de las cuatro
imágenes de Auschwitz, las fotografías del arrastre tienen la condición
paradójica dada por la inmediatez con la que fueron tomadas y la
complejidad del montaje, pese a que no cumplen el mismo esquema
que las fotografías de las cámaras de gas, que retrataron una actividad
recurrente y exigieron quizá un plan de elaboración para su toma. En
este caso el fotógrafo seguramente tuvo que ponerse a buen recaudo
y hallar un lugar con vista adecuada para la toma. Además, en este
documento visual se detectan zonas de verdad y de oscuridad, para
entrar al doble régimen de la imagen.
Las zonas de verdad expondrían grácamente los hechos, es decir, las
acciones más simples de los personajes involucrados, las posturas, el
lugar, etc. Las dos fotos están compuestas por planos generales donde
se visualiza el paso de la turba, que hala un bulto y se concentra a su
alrededor. Se puede notar la calzada, la vestimenta y sombreros de los
presentes, así como sus grupos etarios. Federico González Suárez relata:
Hombres de todas las edades, mujeres innumerables, chiquillos
y chiquillas: algunos tenían fusiles, y no había uno solo que
no estuviera armado, siquiera con un cuchillo: muchos llevaban
banderas de diversos tamaños grandes y pequeñas: en los
gritos se dejaba conocer la disposición de ánimo de las gentes:
por n habrá paz decían: ya tendremos paz: ya gozaremos de
tranquilidad, muerto este facineroso, que no se cansaba de hacer
revoluciones. (Jácome, 2012, p. 47)
La zona de oscuridad, por su parte, entrevé el caminar de la turba en una
dirección, tanto delante como tras del bulto o cadáver que no se distingue.
La imagen expone la acción y no una pose de los protagonistas para la
cámara, el fotógrafo tuvo pocos segundos para capturar un momento