109
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
Recibido:
(18/08/2019)
Aceptado:
(30/04/2020)
Número 11 / AGOSTO, 2020 (109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA
DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE
HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
CONSUMMATION SOCIETY. A DILEMMA
TASK FOR TODAY´S PARENTS: SETTING
LIMITS
DOI:
https://doi.org/10.37135/chk.002.11.08
Artículo de Reflexión
Diana Gladys Barimboim
diana@barimboim.com
Universidad Argentina de la Empresa,
Instituto de Ciencias Sociales y
Proyectuales.
Buenos Aires, Argentina
ORCID:
https://orcid.org/ 0000-0001-5903-1440
110
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Número 11 / AGOSTO, 2020 (109-120)
Resumen
Este ensayo es una reflexión acerca de las prácticas de crianza que realizan
las familias del siglo XXI. Desde el nacimiento, el niño es acogido en una
tradición simbólico-cultural familiar que aporta un conjunto de pautas de
comportamiento para desarrollarse en la vida cotidiana. Cada sociedad,
con sus tradiciones y normas, codifica formas de ser, vivir y convivir. La
caída de la sociedad patriarcal y el surgimiento de la sociedad de consumo,
entre otras cosas, generó cambios en las configuraciones familiares y en las
modalidades vinculares. Los valores que se transmiten en nuestros as son
la libertad, el placer inmediato y la búsqueda constante de la felicidad. Los
padres temen ser autoritarios y confunden el significado de criar en libertad
con no frustrar al niño. La libertad es un valor que se internaliza dentro de
un marco ético de corresponsabilidad, lo que implica poner ciertos límites
a la conducta humana. Desde el área de la psicología social del Instituto de
Ciencias Sociales y Proyectuales de UADE (Argentina) surge el objetivo
de comprender si la dificultad de los progenitores para poner límites a los
niños se debe a la influencia de los nuevos paradigmas de la sociedad de
consumo.
Palabras clave: Sociedad de consumo; sistema de valores; libertad; crianza
del niño; socialización
Abstract
This essay is a reflection about parenting practices carried out by families
in the 21st century. From birth, the child is received in a symbolic and
cultural family tradition that provides a set of behavioral guidelines to be
developed in his or her everyday life. Each society, with its traditions and
norms, codifies ways of being, living and living together. The decay of a
patriarchal society and the development of a consumer society and such,
generated changes in family configurations and in bonding modalities.
Nowadays, the values transmitted are freedom, immediate pleasure and
the constant pursuit of happiness. Parents fear being authoritarian and
confuse the meaning of raising with freedom in order not to frustrate
their children. Freedom is a value that is internalized within an ethical
framework of co-responsibility, which implies putting certain limits on
human behavior. From the area of social psychology from the Institute of
Social and Project Sciences at UADE (Argentina) the objective arises from
the need to understand whether the difficulty that parents show to set limits
to their children is due to the influence of new paradigms related to the
consumer society.
Keywords: Consumer society; system of values; freedom; parenting;
socialization
SOCIEDAD DE
CONSUMO. UNA
TAREA DILEMÁTICA
PARA LOS PADRES DE
HOY: LA PUESTA DE
LÍMITES
CONSUMMATION
SOCIETY. A DILEMMA
TASK FOR TODAY´S
PARENTS: SETTING
LIMITS
111
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
INTRODUCCIÓN
Este ensayo es una reflexión sobre la influencia de
la sociedad de consumo en la crianza de los niños
que cursan la primera infancia (entre 0 y 6 os).
El consumismo, propicia y trasmite valores como
la libertad, el placer inmediato y la felicidad; esto
trae aparejado cambios en las prácticas de crianza
y ciertas dificultades que se les presentan a los
padres/madres para poner límites a sus hijos desde
los primeros años de vida.
En tanto sujetos productores y producto de la
sociedad en la que vivimos, nuestras estrategias
de vida no pueden ser pensadas sino en relación
con el contexto histórico, económico, político,
cultural y social en el cual estamos inmersos. Este
nos provee de los sentidos que orientan no solo
nuestras conductas sino también nuestras metas,
ideales y las maneras como nos vemos a nosotros
mismos, es decir, quienes somos.
El siglo XXI trajo cambios relevantes en la
sociedad, en las organizaciones familiares,
los vínculos y la subjetividad. La caída de las
instituciones (familia, iglesia, ideologías) tanto
como los cambios socioeconómicos y políticos de
la sociedad occidental, significaron una ruptura en
la concepción moral de la sociedad.
El valor económico y el consumismo llevaron
al hombre a sostener comportamientos
individualistas: se sustituye la conveniencia al
deber ser y se prioriza la independencia y la
libertad por sobre los lazos afectivos duraderos
y comunitarios. El concepto de libertad que
propicia la sociedad de consumo es omnipotente
e individualista, lo que no da placer o satisfacción
inmediata se descarta, sea un objeto material o un
vínculo.
Dentro de los cambios se toma en cuenta
también la transformación de los roles de género
tradicionales en las configuraciones familiares,
el padre no representa la autoridad como hasta
mediados del siglo XX y la crianza de los hijos es
compartida. Se privilegia la transmisión de valores
que hacen referencia a la libertad, el bienestar
individual y la independencia, en contraposición
con los valores de orden, obediencia, y disciplina
de la Modernidad.
Desde el marco del construccionismo social, la
psicología social crítica y el psicoanálisis, se
sostiene que la caída de las Instituciones de la
Modernidad (patriarcado, iglesia, ideologías, entre
otros) y la caída del Estado Benefactor, dejaron
al hombre expuesto a sus propias elecciones
y sus propios riesgos, es decir, que el hombre
actual es el único responsable de su presente y
su futuro incierto. Se encuentra en un estado de
desamparo que lo induce a adherirse a señuelos
que le da la sociedad de consumo, para aplacar
ciertas angustias existenciales frente a un mundo
colmado de incertidumbres.
Respecto a los hijos, se observa que, si bien se
demora su concepción (hasta los límites del ciclo
fértil de la mujer), por no querer renunciar, tanto
hombres como mujeres, al bienestar personal
(desarrollo de carrera, viajes, disfrute personal,
etc.), tomada la decisión de engendrar, la inversión
tanto económica como amorosa puesta en los
niños es muy intensa.
El hijo es el único lazo amoroso que perdura en
el tiempo en esta sociedad quida (Baumann
2008a), de lo que se infiere que las personas
tratan de satisfacer en el hijo sus propios deseos
insatisfechos, lo que planteado en otros rminos
significa que los progenitores no quieren frustrar
a los niños, anhelan niños felices y criados en
libertad, lo que consideran concordante con los
valores propiciados por la sociedad de consumo,
en cuanto a libertad individual, placer inmediato
y felicidad.
Los niños son tratados como pequeños reyes dentro
del hogar: muchos de ellos presentan caprichos
que los padres/madres tratan de satisfacer (no se
quieren bañar, comer sentados a la mesa, dormir
en su habitación, etc.). Los progenitores tienen
dificultades para encauzarlos dentro de ciertas
112
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
pautas básicas de la vida cotidiana, ya que temen
repetir ciertas matrices de aprendizaje autoritarias
que marcaron su propia crianza.
Con la creencia de que la crianza debe ejercerse
en libertad, pareciera que está prohibido prohibir,
sin embargo, la falta de guía por parte de los
progenitores deja al niño/adolescente en un total
desamparo, huérfano de figuras que puedan
ayudarlos a enmarcar sus impulsos destructivos.
El ingreso a la cultura genera malestar porque
implica la renuncia de ciertos deseos egoístas en
pos de una libertad corresponsable que implica
la consideración por el prójimo, tener una cierta
protección, primero de parte de los progenitores y
la familia y luego de la sociedad.
La reflexión abarca la primera infancia (0 a 6
años) por ser el proceso de socialización primaria
el que introduce al niño en el universo simbólico.
Desde nuestro nacimiento somos acogidos en una
tradición simbólico-cultural familiar que nos aporta
todo un conjunto de pautas de comportamiento y
puntos de apoyo, de referentes que nos permiten
hacer frente a las contingencias de la vida.
La matriz del comportamiento humano se forja en
el hogar, La introducción del niño como ser social,
es un aprendizaje cognitivo donde la afectividad
desempeña un papel fundamental, vía el
mecanismo de identificación con los progenitores.
Esta identificación es con el ser de las figuras
significativas.
En un contexto socioeconómico de desamparo y
riesgo para el hombre, los que ejercen la función de
padres/madres proyectan en sus hijos sus propios
ideales narcisistas y tratan de satisfacer en los niños
sus propios deseos insatisfechos, sin frustraciones
ni limitaciones. Anhelan niños felices, criados en
libertad, lo que resulta concordante con los valores
propiciados por la sociedad de consumidores.
Esto genera una tensión en las prácticas de
crianza, ya que es función de los progenitores
la contención del niño como parte del cuidado
y la educación, guiarlos en comportamientos
éticos y de corresponsabilidad desde edades
muy tempranas para introducirlos en la cultura y
protegerlos de los propios impulsos destructivos.
El dilema que se les presenta a los progenitores
es que temen repetir las matrices de aprendizaje
aprendidas en su infancia y ser autoritarios. No
saben ocupar un lugar de autoridad que implica
limitar ciertos desbordes en los comportamientos
del niño. Cuando los sobrepasan ciertos
caprichos del hijo, ponen penitencias que luego,
por persuasión de los mismos niños, terminan
incumpliendo. Así es como la palabra del adulto a
cargo pierde autoridad y credibilidad.
METODOLOGÍA
Como parte de un proyecto mayor del Instituto
de Ciencias Sociales y Proyectuales de UADE
(Argentina), el abordaje metodológico se
desarrolló en varias instancias que permitieron
ahondar en la problemática del ejercicio de la
parentalidad en familias del siglo XXI del Área
Metropolitana de Buenos Aires.
Este artículo aborda algunas aristas de la influencia
que ejercen los preceptos del consumismo
respecto a las modalidades de crianza que tienen
los progenitores respecto a niños entre 0 y 6 años.
Se recortó la problemática en torno al conflicto
que tienen los padres entre el ejercicio de la
autoridad y el ser autoritarios y el modo en que
dichos conflictos se transmiten a los niños. Dicha
transmisión dificulta la incorporación de conductas
corresponsables, tanto para la propia preservación,
como para la preservación del marco institucional,
social y familiar.
Este ensayo remite a un rastreo bibliográfico
desde la perspectiva de la psicología social crítica,
el construccionismo social y el psicoanálisis, para
analizar la influencia de los cambios que propicia
la sociedad de consumo, sobre las configuraciones
familiares y específicamente en la crianza de los
niños, con la intención de dilucidar el origen de
la problemática en el proceso de socialización
primaria.
Se identificaron conflictos en la crianza y
socialización primaria. La información resultante
obtenida por el análisis de textos permitió
113
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
comprender el origen de ciertas dificultades en
el tratamiento de los padres hacia los niños de
primera infancia, que los llevan a no representar
un vínculo asimétrico de autoridad que permita al
niño limitar sus conductas impulsivas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En el marco del construccionismo social, se plantea
que las personas gestan sus deseos, valores y
comportamientos éticos desde la primera infancia
en el seno del vínculo paterno-filial, es decir, en
el proceso de socialización primaria. En el área
de estudios temáticos sobre configuraciones
familiares del Instituto de Ciencias Sociales
y Proyectuales de UADE (Argentina), surgió
como preocupación la reflexión sobre el origen
psicosocial de ciertos síntomas y patologías de
niños y adolescentes de nuestra época tales como
la impulsividad, falta de concentración, dificultad
para acatar normas sociales y/o de las instituciones
educativas, adicciones, etc. En síntesis, un abanico
de síntomas que se relacionan con no poder
encauzar los impulsos.
La Psicología Social es una construcción
provisoria de conocimientos que estudia
(analiza, comprende y aborda) la trama
psicosocial (relacional, vincular) en un
orden socio-histórico en que se configuran
representaciones sociales que enlazan
sujetos y realidad, propuesta a superar la
lectura dilemática e ingenua de la relación
individuo-sociedad, por una construcción en
desarrollo y transformación en la realidad de
la vida cotidiana. (Correa 2003:58)
Desde cierto punto de vista, se puede considerar
que el hombre a través de los tiempos ha padecido
malestar por pertenecer a una cultura determinada,
ya que esta lo limita y condiciona, en sus descargas
pulsionales, a cambio de brindarle la protección y
seguridad necesaria para enfrentar los desafíos que
la naturaleza le impone, la vulnerabilidad de su
cuerpo biológico y el sufrimiento que le generan
los vínculos.
Sin embargo, desde una perspectiva más integral,
se considera al hombre como producto/productor
de la cultura, así es que cada época, marcada
por cambios político-económicos y sociales,
transforma valores, normas, y produce diferentes
subjetividades y modos de vincularse con los
otros, entre otras cuestiones.
La familia tradicional de la modernidad sólida
(Bauman 2008a), establecía reglas y valores
rígidos, enaltecía el lugar del padre como jefe
autoritario y proveedor, destacando que su
función, dentro de la sociedad de productores,
era reproducir el paradigma social de sometedor/
sometido.
Por tanto, se educaba al niño dentro de los cánones
de obediencia, del deber, la disciplina y el no
cuestionamiento a la autoridad, donde la promesa
de bienestar se jugaba en un futuro, o sea, que la
cultura del trabajo y del ahorro generaba la idea
de que: con el sacrificio que el hombre hiciera
en el presente, se garantizaría un futuro seguro,
tranquilo y por ende, ese sería el tiempo para
disfrutar/cosechar la siembra realizada.
Los preceptos de cómo se debía vivir eran rígidos,
no se dudaba, existía un único camino a seguir,
tampoco entraba en cuestión el disciplinar a los
hijos para que llegaran a ser, como sus padres,
buenos trabajadores. Adoctrinarlos en las rutinas
cotidianas era la forma indiscutible de las prácticas
de crianza.
A fines del siglo XX cambia el paradigma social,
ya no se trata de sometedor/sometido, sino de
exclusión/inclusión. La sociedad de productores
pasa a ser una sociedad de consumidores,
desaparece el pasado (como portador de
tradiciones, valores, moldes preexistentes a los
que hay que adaptarse) y el futuro es tan incierto
que tampoco puede pensarse o planificar a largo
plazo.
En relación con las sociedades posmodernas
posteriores a los años ochenta, el esritu
universal y utópico de décadas anteriores
ha decaído y parece haberse alterado
notablemente la creencia en los ideales
colectivos. Según Lasch (1983), las
114
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
turbulentas transformaciones sociales
de finales del siglo XX parecen haber
preanunciado el sentido de final: el final de
la historia, el final de los ideales políticos
colectivos, el final de la creencia en una
sociedad justa, el final de la esperanza en
relaciones afectivas significativas, el final
inminente de los recursos naturales, etc. Tal
vez este vacío político, social, cultural y
afectivo haya contribuido a la organización
de nuevas tipologías de la personalidad
o haya acentuado determinados rasgos,
existentes desde tiempo atrás. (Severiano
2005:94)
El tiempo es hoy y el placer debe ser inmediato.
El hombre en la modernidad líquida (Baumann
2008b) es autor de su propio devenir, de sus
propios desafíos.
La sociedad de consumo lo ilusiona con la
obtención del placer sin límites, ni reglas, es la
sociedad del crédito, del siempre más, del todo se
puede, donde la felicidad se logra con la compra
de objetos, todos desechables, pues siempre hay
nuevos productos.
Entrar en la masa de consumidores es pertenecer
y el hombre se siente libre de elegir consumir
(objetos, viajes, gimnasio, entre otros bienes y
servicios); no es consciente de que esta es otra
esclavitud impuesta por los mercados, ya que es
obligado a consumir para no quedar excluido.
Por su parte, Lacan indica que la moral
universal se desplazó de la prohibición
victoriana a una exigencia insensata, un deber
de consumo y un goce desmedido puesto
allí, una suerte de voz que repite: consume
más, consume todo. Esto supone que en el
neoliberalismo la libertad se transformó en
un mercado sin límites y en imperativo de
consumo como ley fundamental que organiza
la cultura. (Merlin 2017:31)
Cree que sus posibilidades de acción son infinitas,
siente permiso para obtener todos los placeres, no
hay una regla moral acerca de lo que está bien o
mal, todo es relativo. Los valores de este hombre
hedonista son los de libertad, placer y felicidad.
El mercado se introdujo en la educación, las
familias, la cultura; áreas que otrora estuvieron
fuera de los intercambios monetarios.
Antes las instituciones ahogaban al individuo,
lo encorsetaban.Ahora están deterioradas. Ese
deterioro lo deja a la intemperie, sin puntos
de referencia. El sujeto se halla abandonado
a sí mismo, expuesto al hundimiento interior,
a una dominación cada vez más anónima
e insidiosa, a sistemas de consumo y de
comunicacn que se apoderan de su ser y lo
alienan solapadamente. (Horstein 2018:18)
El valor de la libertad en la sociedad consumista
reside en no aferrarse a ninguna identidad
determinada, es sencillamente deshacerse de lo
indeseado (por ejemplo, parejas que perduran
mientras no tienen conflictos, ya no existe el para
toda la vida, sino el mientras dure). Los proyectos
son a corto plazo, porque las aspiraciones y planes
pueden modificarse instantáneamente. El hijo es
el único lazo amoroso con proyección a futuro. Su
crianza y educación es una de las empresas más
relevantes para los padres de hoy, quieren lograr
hijos felices, libres y autónomos.
El hombre siempre anheló la libertad, valor que
queda condicionado por pertenecer a la cultura.
La civilización no puede prescindir de la
coerción, y por ende tampoco puede existir
sin engendrar resistencia contra sí misma, en
la medida en que la coerción, por definición,
significa enfrentar situaciones en las que
la balanza se inclina en contra de hacer lo
que se quiere y a favor de hacer algo que se
querría evitar. (Bauman & Dessal 2014:11)
Es en el seno de la familia donde se debe equilibrar el
péndulo entre el sometimiento al deber y la libertad
individual. Cuando se anulan las restricciones
a conductas impulsivas y antiéticas en pos de la
libertad y la satisfacción individual, en el niño se
profundiza el sentimiento de vulnerabilidad y se
lo aliena a sus propios impulsos autodestructivos.
La paradoja es que lo mismo que protege al ser
humano de sus tendencias impulsivas, es lo que le
genera malestar, ya que lo somete a las reglas que
impone la sociedad. La cuestión que nos ocupa
es el hecho de estar asistiendo, por primera vez en
115
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
la historia de la humanidad, a la existencia de una
sociedad que exalta/demanda la falta de límites”
(Franco 2017:38).
Así como en la Modernidad sólida, el ndulo
se inclinaba hacia la seguridad y la represión de
los impulsos, el sufrimiento de la Modernidad
líquida es un exceso de libertad individual en
detrimento de una protección básica que garantice
el motor de la vida, que se pone en marcha por la
ligazón libidinal con los otros. Es de preocupación
comprender el origen de ciertas conductas de
violencia que se observan en los jóvenes de los
tiempos actuales, tales como el incremento de las
adicciones, bullying, etc.
A fin de lograr una vida satisfactoria o
soportable, vivible, para ser más exactos,
son tan imprescindibles las libertades de
actuar según los propios impulsos, urgencias,
inclinaciones y deseos como las restricciones
impuestas en aras de la seguridad, ya que
una seguridad sin libertad equivaldría a
esclavitud, mientras que una libertad sin
seguridad desataría el caos, la desorientación
y una perpetua incertidumbre que redundaría
en impotencia para actuar resueltamente.
Pero ambas son y permanecerán por siempre
irreconciliables. (Bauman & Dessal 2014:19)
Parece interesante analizar algunos conceptos
como el de autoritarismo versus autoridad;
libertad versus proceso de socialización primaria
y sociedad de consumo, para comprender el
dilema que se les genera a los padres de hoy en
las prácticas de crianza que se refieren a la puesta
de límites.
Los derechos humanos también han
humanizado la relación padres e hijos, y esta
ha evolucionado de posiciones verticales
(autoridad-obediencia) a relaciones
horizontales. Los estudios de Uribe (2007
y 2012) evidencian en el siglo XIX que las
actitudes tiernas y el cuidado de los niños
se consideraban como femeninos, y no era
bien visto que los hombres los asumieran
porque afectaba su masculinidad. Hoy, estos
comportamientos son valorados socialmente
y muestran un nuevo rol del padre en la
crianza y educación de los hijos. (Puello,
Silva & Silva 2014:227)
Tanto el autoritarismo como la autoridad son
conceptos relacionales que marcan lugares
asimétricos respecto al poder. Los seres humanos
viven en sociedad y esto implica estar enmarcados
dentro de un sistema de derechos y obligaciones,
es decir, dentro de la ley que legitima la conducta
ética de los seres sociales.
Es evidente, sin embargo, que el principio
mismo de la autoridad- y del logos
separador- sobre el cual siempre se fundó
la familia está hoy en crisis en el seno de
la sociedad occidental. Por un lado, ese
principio por la afirmación majestuosa de su
soberanía caduca, se opone a la realidad de
un mundo unificado que borra las fronteras
y condena al ser humano a la horizontalidad
de una economía de mercado cada vez s
devastadora; pero, por otro incita de manera
incesante a restaurar, en la sociedad, la figura
perdida de Dios padre en la forma de una
tiranía. Enfrentada a ese doble movimiento,
la familia se muestra ante el sujeto como
la única capaz de asumir este conflicto y
favorecer el surgimiento de un nuevo orden
simbólico. (Roudinesco 2013:214)
Las configuraciones familiares tienen como
función guardar vínculos asimétricos entre sus
miembros (padre/madre e hijo) para lograr la
protección y la educación de los hijos. Respetar
al niño como sujeto de derecho es reconocer las
necesidades que tiene respecto a su desarrollo
evolutivo y proveerle lo que sea necesario hasta
que pueda generar sus propios recursos para
afrontar la vida cotidiana.
En tal sentido, “La noción de asimetría resulta
un concepto indispensable para comprender la
diferencia entre el incipiente psiquismo en vías de
constitución del niño y el aparato psíquico materno
ya constituido” (Raschkovan 2016:97).
La diferencia sustancial entre el concepto de
autoritarismo y autoridad es que el primero es
impuesto arbitrariamente por alguien que posee
poder frente a un otro a la manera de la dialéctica
del amo y el esclavo (Hegel 2017:185). Esto
quita responsabilidad al esclavo en su destino,
es un sistema relacional complejo que excede
a este artículo. La autoridad, en cambio, se
116
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
refiere a un poder legitimado socialmente sobre
normas consuetudinarias o leyes que preservan
y organizan el lazo social. Es consensuado con
otros, pero implica siempre una restricción de la
libertad individual.
Etimológicamente la palabra autoridad deriva del
latín auctoritas, y esta a su vez de autor, cuya
raíz es augere, y significa aumentar, promover,
hacer progresar. Es un atributo que se otorga a una
persona que le da el derecho de dar órdenes para
que otra las obedezca. La fuerza de la autoridad
reside en que la persona demuestre una cierta
coherencia entre sus palabras, valores y acciones.
Así entendido, el concepto de autoridad y
puesta de límites es una función ineludible de
los progenitores en el proceso de socialización
primaria, para insertar al niño en la sociedad.
Son lazos invisibles de protección, tanto para
la integridad física como emocional. Desde
que un niño nace hasta que el mismo puede
procurarse ciertos cuidados y poder afrontar
con autonomía la vida adulta, es fundamental
la presencia de adultos que den pautas
confiables. (Rotenberg 2010:181)
El cachorro humano se constituye como sujeto
humano cuando se halla sujetado a la cultura, a
la tradición y a los valores tanto sociales como
familiares. Su equipo biológico es insuficiente
para ser un ser social. Es en el contexto familiar
donde aprende lo que se puede y lo que no se
puede hacer, respecto a sí mismo y a los otros.
La familia y en especial los padres constituyen
el principal agente de socialización durante
la niñez, y una de las funciones asignadas
es la de proveer estabilidad y continuidad
a los miembros individuales. A través de la
socialización los niños se incorporan a las
normas del orden social. (Schwarz 2016:102)
El orden social da cauce y estabilidad a los
impulsos, se transmite vía identificación con
los otros significativos. De esta forma, el niño
construye dentro de al Otro generalizado, y logra
ser responsable de sus conductas, que debieran ser
corresponsables y éticas (Baumann 2001).
Los roles de padre/madre implican una asimetría
necesaria respecto del hijo, y esto significa que los
progenitores tienen poder sobre el niño. El poder
no es un atributo sino una capacidad relacional para
construir significados. A través de la comunicación
discursiva, ayudan al niño a interpretar la realidad,
forjar un sistema de valores, etc., y así, guían sus
acciones.
Las nuevas configuraciones familiares, con toda
su diversidad, siguen teniendo como función la
procreación, la crianza y la socialización de los
hijos. Es en su propia estructura que definen lo que
es normal o desviado, las obligaciones y derechos,
los roles sociales y de género, las aspiraciones, los
valores de los miembros que la componen.
Surge una confusión en su comportamiento como
progenitor, ya que la función parental de la familia
se refiere a transmitir un cierto orden que brinde
significado al mundo del niño.
Yo la redefino en términos de una asimetría
que determina la responsabilidad del adulto
con respecto al niño. En la medida en que
haya dos generaciones, hay una familia; con
la asimetría correspondiente que orienta a
la obligatoriedad de la transmisión y de la
producción de sujetos en el interior de algún
tipo de comunidad humana, que sicamente
se estructura con dos personas como base.
(Bleichmar 2005:45)
En los primeros años de vida, la dependencia
de las figuras significativas posee un sentido
diferente del que adquiere el mismo hecho en
época posterior. Se concuerda con el planteo de
(Aulagnier 2001) sobre la distinción que realiza
acerca de la violencia primaria y la secundaria.
Limitar o encauzar la impulsividad del niño
siempre es un acto de violencia en el sentido literal
del término, es decir, utilizar el poder en la trama
relacional para dominar o imponer algo a otro.
Sin embargo, cuando la autora habla de violencia
primaria, plantea que es la ejecución por parte de
la madre/padre de una acción necesaria para que el
cachorro humano se constituya en sujeto humano.
La función maternal es la que significa con su
deseo las manifestaciones biológicas del niño, ej.:
117
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
decodifica si su llanto es por hambre, frío o sueño,
etc., y así el niño incorpora el discurso materno, el
lenguaje y da una significación a lo que le acontece
en el cuerpo biológico, que poco a poco pasa a ser
un cuerpo subjetivado y singular.
Para que ese cuerpo al nacer se constituya como
ser humano, requiere necesariamente de una
acción, del pensamiento y el deseo de un Otro,
que le impone el ingreso a la cultura, lo introduce
en el universo simbólico del lenguaje, le significa
el mundo. La madre perturba la función orgánica
para promover la función de un cuerpo humano,
para lo cual el cuerpo biológico necesariamente
tiene que perder la total libertad (por ejemplo,
en el destete, en aprender a comer, el control de
esfínteres, etc.).
Esta violencia es necesaria, legítima y fundante
del psiquismo del bebé. ¿No es acaso un acto
de violencia imponer una identidad (nombre y
apellido, linaje familiar, lugar de nacimiento)?,
pero es innegable que, sin esos actos, el cachorro
humano no sería un sujeto miembro de la cultura.
El niño, desde antes de nacer y en un tiempo
posterior requiere para su constitución de
una relación asimétrica con sus progenitores
con quienes tiene un vínculo de dependencia.
Esta sumisión a un Otro es constitutivamente
necesaria. Es decir, que los padres tienen autoridad
sobre el niño, y desde su concepción lo limitan
(eligen su nombre, la pertenencia a determinada
configuración familiar, la lengua materna, el cleo
social de pertenencia). Esos mismos límites son
los que determinarán luego su ser y sus posibles
elecciones futuras, autónomas y libres.
Para seguir con esta línea de pensamiento, en el
presente artículo, se asume que el autoritarismo de
los padres, no es necesario, refiriéndose al hecho
de que cuando el niño desarrolla la capacidad
de pensar y significar el mundo en el proceso de
crecimiento, si la madre/padre no lo respetan e
imponen significados propios, violentan el sentido
que el hijo da a la realidad que lo circunda.
En síntesis, acomo la violencia primaria es
un proceso constitutivo del Yo para favorecer la
autonomía; la violencia secundaria es el constante
cercenamiento al desarrollo del proceso de
pensamiento del niño y de su autonomía.
En relación con esto, se observan en la clínica
psicológica cotidiana las serias dificultades que
tienen los padres en poner límites a los niños en
tanto, aun cuando recurren a un sistema de premios
y castigos, en la mayoría de los casos, ceden a la
persuasión que realizan los niños y levantan el
castigo.
Los premios y los castigos son objetos
materiales. En la sociedad líquida, el amor queda
materializado, se compensan las faltas con cosas
materiales (Bauman 2008b). Los padres creen
que para que sus hijos sean felices, necesitan
comprarles objetos, que la publicidad se encarga
de promocionar ilimitadamente.
Elconsumotambiénhaextendido su influencia
a la infancia. Dice Daniel Thomas Cook que
los valores morales de la vida contemporánea
consisten en la familiarización de los niños
con los materiales, medios de comunicación,
imágenes y significados referidos al mundo
del comercio. Antes de empezar a leer aparece
la adicción por las compras. La vocación
consumista parecería haberse convertido en
uno de los derechos humanos fundamentales.
Tampoco se reconocen las viejas fronteras de
clase, porque la TV, las vidrieras y los centros
comerciales son mirados por todos. (Aguinis
2010:175)
La sociedad de consumo promueve lo ilimitado, los
padres como producto de esta cultura no quieren
limitar a sus hijos. Frente a ciertos comportamientos
impulsivos de sus niños, imponen un castigo de
manera irreflexiva, actuando un modelo autoritario
que incorporaron en su propia infancia.
La emisión de las recomendaciones para
comprar tal o cual producto incorpora a los
más pequeños a los meridianos de la demanda
consumista, sostenida por la creencia de
las buenas intenciones de quienes desde la
pantalla les sugieren poseer determinados
bienes o consumir determinados productos.
Es decir, no se trata solamente del modo de
consumir y de desear, sino del entrenamiento
en creer aquello que se emite desde la
televisión como portavoz de las satisfacciones
pendientes (Giberti 2005:305)
118
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
El niño exige caprichosamente todo lo que la
publicidad ofrece como necesario para ser feliz
y/o al menos pertenecer a su núcleo de pares. Son
los progenitores los que tienen que poner límites,
sostener un no firme frente al capricho del niño,
ya que eso es parte de la función de la crianza,
es un proceso de enseñanza/aprendizaje que se
desarrolla en primera instancia en el seno familiar
y que requiere que los padres elaboren ciertos
pensamientos acerca de qué quieren transmitir y
su porqué, no desde la ira ni la impotencia en el
ejercicio de su función culturalizante.
Guiados por esa vivencia de que en el
hijo debe primar la imagen de fortaleza y
vitalidad, les resulta sumamente conflictivo
ponerle frenos, límites, enfrentarlos a la
frustración de una prohibición, ya que temen
que tenga efectos muy negativos en su
desarrollo. (Guerra 2000:11)
Luego, tras la persuasión que ejerce el niño a
partir del discurso o el llanto, se identifican con su
frustración y registran que el castigo fue desmedido
e irracional. Levantan la penitencia porque la
consideran injusta y no toleran frustrar al hijo. El
niño entiende que la palabra de su progenitor no
tiene autoridad y que él puede lograr lo que quiere
ensayando diferentes conductas de manipulación.
Esto lo arroja a la propia omnipotencia infantil y a
sentimientos de orfandad, ya que no hay normas ni
adultos que regulen un orden en la vida cotidiana
con los semejantes.
CONCLUSIONES
El análisis realizado sobre el impacto que produce
la sociedad de consumo en las pautas de crianza de
las diferentes configuraciones familiares permite
comprender las nuevas subjetividades que generan
ciertos síntomas característicos de la época, tales
como la depresión, la violencia, las adicciones y
las conductas impulsivas.
La familia, con las transformaciones que ha tenido
a través del tiempo, sigue teniendo como función la
protección y la seguridad de los niños, aunque, del
análisis bibliográfico efectuado, se infiere que se
replica en el seno familiar, el padecimiento de los
adultos por vivir en un mundo incierto, teniendo
que enfrentar riesgos sin una red de contención
social.
El péndulo entre el sometimiento y la libertad,
problema que ha tenido el hombre a través de los
tiempos por vivir en cultura, se inclina en estos
días hacia la libertad individual. Esto genera
sentimientos de desamparo y muchas veces una
vida en soledad.
Por otra parte, en este tipo de sociedad, el
consumismo ofrece señuelos que ilusionan acerca
de cómo obtener la felicidad, el placer y ser libres
para elegir el destino de cada uno, lo que se
convierte en mandatos sociales de la época, por
lo que la libertad está condicionada a un modo
de vivir: consumir cada vez más para no quedar
excluido.
A la hora de la crianza, los progenitores anhelan
criar hijos felices y libres, tratan de evitar
el autoritarismo, el mandato de disciplina y
obediencia que parecía incuestionable en la
sociedad de productores, sin embargo, confunden
el tener autoridad con las viejas matrices de
autoritarismo padecidas en otros tiempos y no
saben cómo transmitir ciertas pautas de conducta
en la vida cotidiana necesarias para que el niño
incorpore dentro de sí una conducta ética.
Limitar al niño en las conductas impulsivas es
protegerlo de su propia autoagresión, transmitirle
valores que se refieren al respeto por su propia
vida y la de los demás. El límite hace que el niño
incorpore ciertas normas culturales y esto se logra
a partir de la socialización primaria, cuando los
padres ocupan un lugar de autoridad. Es decir, que
el niño incorpora esas pautas de crianza por amor
y no por miedo al progenitor.
Lo que sucede en la sociedad de consumo es que las
conductas que los hijos realizan y que los padres
aprueban son reconocidas a través de un objeto
material (regalo, pasar horas con la tableta, etc.), es
decir, que la gratificación que el niño obtiene es un
objeto de consumo, no el reconocimiento amoroso
del adulto que es lo que elevaría su autoestima.
119
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
Diana Gladys Barimboim
Cuando el niño desobedece ciertas normas, los
padres desorientados imponen impulsivamente
castigos, también materiales y frente al no saber
qué hacer, recurren inconscientemente a matrices
de aprendizaje de su propia infancia, por lo que
resultan autoritarios. Luego, al reconocer que el
castigo fue desmedido (por no haber sido pensado),
sienten culpa frente a la persuasión o el llanto del
hijo y acceden a la demanda de levantarlo.
En ese momento se borran los lugares asimétricos
necesarios para la función padre/madre e hijo,
por lo que no hay nadie que pueda ser referente
y garante de autoridad. Esta desorientación que
tienen los padres/madres en cumplir su función,
conlleva que el niño crea que puede hacer todo lo
que quiere, que las normas se pueden transgredir
y que él está solo en un mundo que todavía no
aprendió a significar, por lo que queda huérfano
de cuidado, protección y referentes, lo que le
provoca un alto grado de angustia y sentimientos
de desamparo.
El todo es posible que engañosamente promueve
la sociedad de consumo, se replica en la infancia
frente a la vacante de ciertas funciones que los
progenitores dejan sin ocupar, no por falta de
amor, sino por un dilema que ellos tampoco
tienen resuelto. Esto origina desorientación en
los progenitores y provoca conductas de desborde
en los niños, que pueden originar parte de los
síntomas endémicos de la época tales como
adicciones, todo tipo de violencia contra y
contra los otros (anorexia, bullying, trastornos de
atención, hiperactividad, etc.), es decir, patologías
que se refieren a no poder encauzar los propios
impulsos.
Este es un ensayo que se realiza en base a la
bibliografía estudiada, no pretende ser una
declaración de principios o una verdad establecida,
sino simplemente una reflexión que permita
estimular investigaciones futuras para ahondar
sobre las problemáticas que se derivan del mismo.
DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE
INTERESES:
La autora declara no tener conflicto de interés.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Aguinis, M. (2010). Elogio del placer, Buenos
Aires, Argentina: Editorial Sudamericana
S.A.
Aulagnier, P. (2001). La violencia de la
interpretación. Buenos Aires, Argentina:
Amorrortu.
Bauman, Z. (2001). La posmodernidad y sus
descontentos. Madrid, España: Akal.
Bauman, Z. (2008a). Amor Líquido: acerca de
la fragilidad de los nculos humanos.
Buenos Aires, Argentina: Fondo de Cultura
Económica.
Bauman, Z. (2008b). Vida de consumo. Buenos
Aires: Fondo de Cultura Económica.
Bamman, Z. & Dessal, G. (2014). El retorno del
péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro
del mundo líquido. Buenos Aires: Fondo
de Cultura Económica.
Bleichmar, S. (2005). La subjetividad en riesgo.
Buenos Aires, Argentina: Topia.
Correa. A. (2003). Notas para una psicología
Social…como crítica a la vida cotidiana.
Córdoba, Argentina: Editorial Brujas.
Franco, Y. (2017). Paradigma borderline. Buenos
Aires, Argentina: Lugar.
Giberti. E. (2007). La familia, a pesar de todo.
Buenos Aires, Argentina: Ediciones
Novedades
Educativas.
Guerra, V. (2000). Sobre los vínculos padres-hijo en
el fin de siglo y sus posibles repercusiones
en el desarrollo del niño. Revista Uruguaya
de Psicoanálisis (En línea), (91).
Recuperado de http://www.apuruguay.org/
apurevista/2000/1688724720009109.pdf
120
Número 11 /
AGOSTO, 2020
(109-120)
SOCIEDAD DE CONSUMO. UNA TAREA DILEMÁTICA PARA LOS PADRES DE HOY: LA PUESTA DE LÍMITES
Hegel, G. (2017), Fenomenología del espíritu.
Buenos Aires, Argentina: Fondo de Cultura
Económica.
Horstein, L. (2018). Ser analista hoy. Fundamentos
de la práctica. Buenos Aires: Paidós.
Merlin, N. (2017). Colonización de la subjetividad.
Los medios masivos en la época del
biomercado. Buenos Aires: Letra Viva.
Puello, M., Silva, M. & Silva, A. (2014),
Límites, reglas, comunicación en familia
monoparental Con hijos adolescentes,
Colombia. Diversitas, 10(2), 225-
246. Recuperado de https://revistas.
usantotomas.edu.co/index.php/diversitas/
article/view/2065/2224
Raschkovan, I. (2016). Psicoanálisis, prevención
y crianza. En VIII Congreso Internacional
de Investigación y Práctica Profesional en
Psicología XXIII Jornadas de Investigación
XII Encuentro de Investigadores en
Psicología del MERCOSUR. Congreso
llevado a cabo la Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, Buenos
Aires, Argentina. Recuperado de https://
www.aacademica.org/000-044/281
Rotemberg, E. (2010). Hijos difíciles padres
desorientados, hijos desorientados padres
difíciles. Buenos Aires, Argentina: Lugar.
Roudinesco, E. (2013), La familia en desorden,
Bs. As., Argentina: Fondo de Cultura
Económica.
Schwarz, P. (2016). Maternidades en verbo.
Buenos Aires, Argentina: Biblos.
Severiano, V. (2005). Narcisismo y Publicidad.
Un análisis psicosocial de los ideales del
Consumo en la contemporaneidad. Buenos
Aires, Argentina: Siglo XXI.